TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y CAMBIOS SOCIALES EN EL SIGLO XIX

13. TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y CAMBIOS SOCIALES EN EL SIGLO XIX.

13.1 TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS. PROCESOS DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. MODERNIZACIÓN DE LA INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.

La economía española del siglo XIX se caracterizó por un crecimiento lento y un atraso respecto a países europeos. Hasta 1840, la economía estuvo estancada; pero a partir de ese año comenzó una recuperación que llevó a un lento crecimiento en el último tercio del siglo.
Las transformaciones agrícolas fueron lentas. España era un país agrícola. Hasta mediados de los años treinta la producción estaba estancada, tenía una propiedad vinculada (explotación por arrendamientos) y supremacía de la ganadería. A partir de aquí se produjo una transformación al modificarse el régimen de la propiedad de la tierra, introducirse innovaciones técnicas, de cultivo y de gestión organizativa.
El régimen de propiedad de la tierra fue modificado por las desamortizaciones eclesiásticas y civiles, que se realizaron desde final del siglo XVIII (Godoy, Cortes de Cádiz, Trienio Liberal) y sobre todo con Mendizábal (1836-1837) y Madoz (1855). La de Mendizábal de bienes eclesiástico, para sanear la Hacienda y financiar el Ejército, pretendía aumentar el número de propietarios, la producción y la riqueza; y la de Madoz de bienes municipales, del Estado y eclesiásticos. Las consecuencias de las desamortizaciones fueron: incremento del número de terratenientes y puesta en cultivo de numerosas tierras abandonadas; y los grandes perdedores fueron: la Iglesia, los municipios y los campesinos, apareciendo un numeroso campesinado sin tierra (proletariado rural). La estructura de la propiedad no varió, siguió el latifundismo en el centro y sur, y el minifundismo en el norte y noreste.
Otras medidas que contribuyeron al cambio fueron la supresión definitiva de la Mesta (1836) y la abolición de los señoríos y del diezmo (1837).
En el último cuarto del siglo XIX la agricultura entró en crisis debidos al bajo rendimiento, escasa tecnología y al abaratarse las importaciones por la extensión del ferrocarril.
La industrialización española fue tardía e incompleta, hasta mediados del XIX era artesanal y local. El despegue comenzó en la Década moderada, en los cincuenta tuvo un periodo de crisis (desamotizaciones y subida del algodón) y en el último cuarto inició la recuperación hasta 1898.
Hacia 1839 la industria textil catalana era el único sector que había iniciado la industrialización, gracias al proteccionismo e innovaciones tecnológicas (maquinas de hilar, telares mecánicos a vapor y después selfactinas). La Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1822) le favoreció; el 98 la frenó hasta 1906.
La industria siderúrgica inició su desarrollo en Málaga (1830-1850), a mediados de siglo se desarrolló en Asturias (La Felguera;) en 1880 se desplazó a Vizcaya (capital mixto y sistema Bessemer), donde aparecieron dos empresas: Altos Hornos de Vizcaya y de Bilbao (fusionadas en 1902), teniendo la primacía del acero.
Otras industrias: agroalimentaria, química, papelera y minera. Esta última se impulsó a través de la Ley de Minas (1868) liberalizando el sector, desde 1870 creció enormemente: La Carolina, Riotinto, Almadén…
Se desarrollaron nuevas fuentes de energía (petróleo y electricidad), aunque con escasos efectos sobre la economía española por ser explotados por sociedades extranjeras y exportadas.
Era necesaria la modernización de los transportes y comunicaciones para impulsar la economía. Hasta finales del XVIII el transporte era caro y lento. Durante el Bienio progresista (1854-1856) se impulsó el ferrocarril (Ley General de Ferrocarriles-1855), posibilitando la entrada de capital extranjero (francés), desgravando la importación de materiales y dando subvenciones. La crisis financiera internacional paralizó el avance, reanudado en 1876, dándose por concluida la construcción del tendido ferroviario durante la Gran Guerra.
Como efectos negativos se pueden señalar el diferente ancho de vía y el estar centrado en Madrid.
Otros avances en el sector: extensión de la navegación a vapor y modernización de correos y telégrafos.
El sector financiero jugó un papel fundamental en la industrialización y en la economía en general. Con Fernando VII se creó el Banco de S. Fernando (1829) y la Bolsa de Madrid (1831). La Ley de Bancos y Sociedades de Crédito (1856) inició la modernización del sistema bancario; nace el Banco de España (1856) y otras entidades como el Banco de Santander (1857), Banco de Bilbao (1857) y Banco Hipotecario (1872).

13.2 TRANSFORMACIONES SOCIALES. CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES. GÉNESIS Y DESARROLLO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.

El siglo XIX experimentó importantes transformaciones sociales, en la transición del Antiguo Régimen a la Edad Contemporánea.
La población, durante el siglo XIX, experimentó un crecimiento estable, frente al estancamiento de siglos anteriores. La población del XIX se caracterizó por:
– Crecimiento moderado (11 mll. en 1800 y 18 mll. en 1900), lento comparado con países del entorno.
– Las causas del escaso crecimiento, estaba en la persistencia de un régimen demográfico antiguo: hambres, epidemias, guerras; es decir crecimiento vegetativo bajo y alta tasa de mortalidad.
– Movimientos migratorios, dentro de la Península y a ultramar (Argentina, Cuba).
– Crecimiento de las ciudades, éxodo rural, principalmente hacia Barcelona, Madrid, País Vasco y costa peninsular es decir zonas industriales. Aunque la población era predominantemente rural.

Se produjo el paso de una sociedad estamental a una de clases. Con la configuración del Estado liberal, los estamentos desaparecieron al imponerse la igualdad jurídica, poniendo fin a los privilegios. Todos pagaban impuestos, eran juzgados por las mismas leyes, y gozaban teóricamente de los mismos derechos políticos. Así la población constituía una sola categoría jurídica, la de ciudadanos. Los ciudadanos quedaron definidos por la pertenencia a una clase social, siendo grupos abiertos y no cerrados como en el Antiguo Régimen.
La nobleza, disminuyó y perdió su influencia al perder sus privilegios, pero se adaptó a las circunstancias. Siguió presente en los altos cargos de la Administración, del Ejército y en política (Senado), y mejoró su situación económica (alta nobleza). Aprovecharon su nombre para entrar en consejos de administración, y aliarse con la burguesía financiera (matrimonios).
El clero cambió con la revolución liberal; perdió su principal fuente de ingresos, el diezmo, y el monopolio de la enseñanza. La Iglesia perdió parte de sus bienes con las desamortizaciones, y las órdenes religiosas disminuyeron; se mostró enemiga del liberalismo, contraria a la tolerancia religiosa y separación Iglesia-Estado.
La gran protagonista fue la burguesía, la sustitución de privilegios permitió legalmente la movilidad social, y las desamortizaciones la posibilidad de conseguir bienes. El progreso económico, favoreció la aparición de una burguesía de negocios: banqueros, comerciantes, propietarios de tierras y de inmuebles urbanos, grandes profesionales y altos cargos del Estado. Fuera de las grandes urbes, se desarrolló una burguesía más modesta.
Las clases medias constituían entre el 5% y 10% de la sociedad, eran propietarios de tierras, comerciantes, profesionales liberales y empleados públicos. Constituyeron un grupo influyente en el país.
A final del XIX, el sector primario era la mitad del PIB y 70% de la población activa. Con diferencias: minoría de grandes propietarios, y mayoría de pequeños y medianos propietarios, arrendatarios, aparceros y jornaleros.
La revolución industrial aportó una nueva clase social, el proletariado industrial.
En el XIX se desarrolló el movimiento obrero, favorecido por las malas condiciones laborales (largas jornadas), de vida (hacinamiento), económicas (salarios bajos), y falta de protección social.
Se inicia con Las Sociedades de Ayuda Mutua en los treinta, prohibidas en 1844 por los moderados. En el Bienio progresista se desarrolló, pero la Ley del Trabajo les decepcionó. Durante el Sexenio democrático (1868-1874), llega el anarquista Fanelli miembro de la AIT, estableciendo dos secciones (Madrid y Barcelona); y en 1871 llega el marxista Lafargue. Con la I República el movimiento obrero estuvo presente en la revolución cantonal.
Con la Restauración, pasó a la clandestinidad; escindidos en dos corrientes, socialistas y anarquistas. Esta última se organizó con la fundación de la Federación de Trabajadores de la Región Española (1881); las divisiones internas y la represión les llevaron a un activismo sindical y reivindicativo, con una minoría radical (Mano Negra). Los socialistas refugiados en torno a la Asociación del Arte de Imprimir presidida por Pablo Iglesias (1874), que fundó en 1879 el PSOE y en 1888 la UGT (sindicato socialista).
Una tercera vía fue el sindicalismo católico (Círculos de Obreros Católicos). Hasta 1900 gran parte de las acciones sindicales estaban penalizadas como delito y fueron duramente reprimidas .

13.3 TRANSFORMACIONES CULTURALES. CAMBIOS EN LAS MENTALIDADES. LA EDUCACIÓN Y LA PRENSA.

En el siglo XIX España vivió un periodo de transformaciones culturales, paralelas a los cambios políticos.
Durante la crisis del Antiguo Régimen (1789-1833) la cultura fue reflejo de las convulsiones políticas y luchas sociales; así el avance que supuso la Constitución de 1812 en educación y cultura, se frenó durante el reinado de Fernando VII (salvo el Trienio).
Durante la revolución liberal-burguesa, tuvieron lugar las transformaciones culturales más transcendentes: secularización de la cultura, alfabetización, mecenazgo de la burguesía e implantación de un sistema educativo estatal. La España isabelina coincidió con el Romanticismo (Becquer, José Madrazo, etc.) que alentó a movimientos culturales de carácter nacional (Renaixença) y al nacimiento de instituciones culturales: Ateneo de Madrid, Liceo Artístico y Literario y Museos Provinciales de Bellas Artes.
En la Restauración, la cultura estará marcada por el clasicismo y rechazo a la ciencia; destacan dos corrientes: el Realismo (Clarín, Juan Valera, Rusiñol y Fortuny), y el Modernismo (Gaudí).
El Desastre del 98 marcará las generaciones futuras, en cultura se desarrollará la generación del 98 (Unamuno, Baroja, etc.) muy crítica con los problemas del país.
El cambio de mentalidad vino marcado por la industrialización, desarrollándose una dualidad entre burguesía y proletariado; la primera receptora de nuevas corrientes culturales y filosóficas (positivismo de Comte), y el mundo obrero sensibilizado con modificar las relaciones sociales y militancia en nuevos partidos.
Las tertulias fueron el espacio de producción cultural (Café Parnasillo), junto al Ateneo, Círculo Filosófico y Academia de ciencias Morales y Políticas. Desde 1848 surgen múltiples asociaciones culturales.
En el último tercio del XIX la cultura reflejó las nuevas ideologías: republicanismo, bakunismo y marxismo; y con el 98, el regeneracionismo (Joaquín Costa) plantea una reforma de las estructuras económicas y sociales.
El cambio en la mentalidad afectó a la situación de la mujer, que durante el XIX y parte del XX sufrió importantes desventajas legales; iniciaron la defensa de la igualdad mujeres como Concepción Arenal.
La educación, fue una preocupación desde principios del siglo XIX. La reforma del sistema educativo del Antiguo Régimen se inició en las Cortes de Cádiz, con el proyecto de Decreto sobre el arreglo general de la Enseñanza Pública (1814). Durante el Trienio se retomó la reforma con el Reglamento de Instrucción Pública (1821), no aplicado por la crisis. En 1832 se creaba el Ministerio de Fomento, encargado de la Educación.
Durante el reinado de Isabel II se promulgó la Ley de Instrucción Pública o Ley Moyano (1857), que dividía la enseñanza en tres niveles: primaria, secundaria y universitaria; el sistema educativo era dual: público y privado; con la Ley Moyano el Estado se centró en la enseñanza universitaria, y los ayuntamientos e instituciones religiosas de la primaria y secundaria.
El analfabetismo se redujo del 50% en 1800 al 36% en 1900, con un instituto en cada capital. El sistema universitario era uniforme y centralista, marcado por la falta de libertad de cátedra, que aunque conseguida durante el Sexenio la Restauración la anuló; y la polémica ideológica entre Krausistas y católicos, llevó a la expulsión de sus cátedras a Castelar, Salmerón, Montero Ríos y Azcárate.
En la Restauración surgieron alternativas educativas al margen del Estado:
– Giner de los Ríos fundó, junto a algunos de estos catedráticos, la Institución Libre de Enseñanza (1876); un centro privado, laico y alternativo, que fomentaba la enseñanza científica, el antidogmatismo y la actitud crítica; la Institución, heredera de los postulados del Krausismo rechazaba cualquier filiación política o religiosa.
– Las Escuelas del Ave María de Granada, fundadas en 1880 por el padre Manjón, atendían a niños marginados y población gitana, con metodología similar al ILE.
– La Escuela Moderna, fundada por Ferrer i Guardia (Barcelona-1899) de orientación anarquista.
La prensa fue una de las novedades más importantes del siglo, nació con la libertad de prensa decretada por las Cortes de Cádiz en 1810. El espíritu de libertad del Trienio liberal facilitó la proliferación de periódicos (El Zurriago). Tras el retroceso de la Década absolutista, las medidas liberalizadoras de 1834 y 1868 impulsaron el sector, con revistas ilustradas (Semanario Pintoresco Español) y prensa de opinión (Correspondencia de España). Con la Restauración, surgen empresas periodísticas y toma auge la prensa política; con la Ley de Prensa (1883), aparecen periódicos como: El Imparcial, El Heraldo de Madrid y La Vanguardia.

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