EL TEATRO ANTERIOR A 1939

El teatro de principios del S.XX no gozaba del mismo reconocimiento que el de otras épocas. Esto se debe a la gran vitalidad del teatro comercial que impedía el estreno de autores innovadores que no escribían al gusto del público

En cuanto a los autores más importantes , hay cuatro dramaturgos que se levantan por encima de todos: J. Benavente, R. Valle-Inclán, F. García Lorca y B. Pérez Galdós.

Si nos detenemos en el Premio Nobel de Literatura, Benavente la mitificación y la censura forman parte de su estandarte, y eso que escribió 172 obras, desde El nido ajeno hasta Por salvar su amor . Sus obras estarían englobadas dentro de temas urbanos (Rosas de otoño), de ambiente provinciano (Pepa Doncel), de ambiente cosmopolita (La noche de sábado), de ambiente utópico (Los intereses creados), de ambiente rural ( Señora ama).

El teatro galdosiano ha estado en el trastero, y, sin embargo, fue una de las figuras que más contribuyó a la creación del teatro español moderno desde Realidad hasta Santa Juana de Castilla , pasando por Electra que fue la que más éxito tuvo. En general, Pérez Galdós construye un teatro social, de compromiso, para que el lector tome conciencia de la realidad. Se detiene, sobre todo, en el fanatismo tanto político como religioso.

El teatro de Valle-Inclán tiene la virtud de dejarnos intranquilos. En un primer momento, su teatro se reviste de la fuente modernista por lo que el retoricismo fue nota destacada. Pero, hoy, la fuerza de su teatro radica en los ciclos mítico (Divinas palabras) de la farsa (La Marquesa Rosalinda) y del esperpento (Luces de bohemia)

Federico García Lorca es algo más, es poeta-dramaturgo a flor de piel. Federico supo como nadie adentrarse en el destino de las personas y adueñarse de él a través de la libertad y del amor. Llegó tanto al público culto como al bajo. Su teatro es un mundo lleno de vida desde El maleficio de la mariposa hasta La casa de Bernarda Alba. Y en medio, sobresalen Mariana Pineda , Bodas de sangre, Doña Rosita la soltera, Yerma y El público. Pero, el poderío lorquiano está en La casa de Bernarda Alba. .
Estos cuatro dramaturgos citados no estuvieron solos, hubo otros que incluso triunfaron más en la escena como Carlos Arniches, los Hermanos Álvarez Quintero y Muñoz Seca.

C. Arniches fue el creador de la tragedia grotesca. Su mejor obra, de las 188 que escribió, es La señorita de Trevélez, la síntesis de lo tragicómico.

Los Hermanos Álvarez Quintero escribieron más de 200 obras teatrales, todas ambientadas con sabor apacible. Crearon un teatro costumbrista andaluz con cierta superficialidad. Las obras que nos legaron están llenas de encanto. Destaquemos Malvaloca y La de Caín.

Muñoz Seca escribió un gran número de obras en colaboración, solo llegó a estrenar un centenar. Se le atribuye la creación del “astracán”, pieza cómica basada en la parodia del teatro, en las que disloca el idioma mediante el juego de palabras. Su obra más conocida es La venganza de Don Mendo. Contra la República escribió Anacleto se divorcia y La voz de su amo.

La crítica ha caracterizado como teatro poético las voces de los Hermanos Machado, Eduardo Marquina y L. F. Chamizo.

Pero, sin duda, el dramaturgo más sobresaliente del género histórico-poético es
E. Marquina. Destaca su obra: La ermita, la fuente y el río.

El teatro de los Hermanos Machado nos devuelve al teatro clásico, recomendaban el uso del monólogo como en Shakespeare, Lope o Calderón, por lo que no innovaron como quisieron en un primer momento. El éxito dramático les vino con la obra La Lola se va a los puertos.

L. F. Chamizo se acercó al teatro de la misma forma que a su poesía. Sólo estrenó la obra Las Brujas, pero fue la de más éxito en la temporada. Está enmarcada dentro del teatro costumbrista-rural en verso.

La obra dramática de Miguel de Unamuno consta de nueve dramas y dos piezas menores. Destaquemos Fedra , El otro , Raquel encadenada .

Los dramaturgos especiales Jacinto Grau con El señor Pigmalión , Ramón Gómez de la Serna con Escaleras , Azorín con Angelita contribuyeron con ese fervor con que fue acogido el teatro en este período, del que no fueron ajenos R. Alberti con su memorable obra El hombre deshabitado , y posteriormente, ya en el exilio,
El Adefesio , Max Aub con su obra vanguardista El desconfiado prodigioso ,
Miguel Hernández con su prodigiosa obra Quién te ha visto y quién de ve y sombra de lo que eras , o el teatro poesía de Pedro Salinas, con La fuente del Arcángel.

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