MARX

MARX

EL HOMBRE

La concepción marxista del ser humano puede encontrarse en sus primeros escritos, particularmente en los Manuscritos, en la crítica a Hegel y las Tesis sobre Feuerbach, que constituyen el núcleo del llamado “humanismo marxista”.
Marx defiende que no existe una esencia de “ser humano” que deba ser realizada, sino que el hombre es trabajo, actividad. El ser humano se hace a sí mismo en sus propias acciones y decisiones, sin realizar ningún modelo previo. El hombre es un ser activo, y su dimensión práctica es más importante que la teórica. El hombre no puede entenderse sólo como un “animal racional”: si la capacidad de pensamiento domina sobre la capacidad de acción, se reproduce una concepción injusta heredada ya de las sociedades esclavistas. Además, hemos de tener en cuenta que el trabajo y la acción es lo que pone en contacto al ser humano con la misma naturaleza y con el resto de seres humanos. A través del trabajo el hombre transforma la naturaleza y ocupa un puesto determinado en la sociedad. Esto último es lo que llama Marx materialismo dialéctico.

Tomando como referencia este cambio en la concepción del ser humano, Marx reforma también otro concepto heredado de Hegel y de Feuerbach: la alienación. Podríamos definirlo como aquel proceso o situación social por la cual el hombre se convierte en algo distinto, ajeno o extraño a lo que debería ser, a lo que le corresponde. Marx entiende que esta alienación se da precisamente en el trabajo: aquello que debería realizar al hombre (no olvidemos que éste es actividad) es precisamente lo que le termina cosificando, lo que le esclaviza, lo que le convierte en algo inhumano, por tanto en algo distinto de lo que el hombre es. En la medida en que el trabajo no humanice al ser humano, se tratará de un trabajo alienante, y estará en el punto de mira de la crítica marxista. En concreto, Marx afirma que esta alienación que se produce por medio del trabajo tiene 4 dimensiones:
Respecto a la naturaleza: ésta deja de ser un patrimonio común sobre el que cualquier ser humano puede disponer para trabajar, y se convierte en la propiedad de otro, en materia prima que se puede comprar y vender, enajenada respecto a su original propiedad común.
Respecto al trabajo mismo: éste no le pertenece al proletario sino al burgués que le emplea, y que aprovecha la situación de superioridad que esto genera. Además es un tipo de actividad que no es elegida, libre ni creativa, sino que a menudo consiste en una mecanización del ser humano. El proletario no elige su trabajo y se ve obligado a venderse a sí mismo como trabajo, lo que le hace sentirse extraño, insatisfecho, explotado. “Está en lo suyo cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en lo suyo”, llegará a decir Marx para el que la libertad del proletariado queda limitada “a sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar.
Respecto al producto de su trabajo: tampoco éste le pertenece, sino que es la mercancía, el capital que será vendido para beneficio exclusivo del burgués, dueño de los medios de producción. Esto aumenta aún más el abismo de desigualdad que existe entre la burguesía y el proletariado. El producto final termina esclavizando a su productor, que no ejerce ningún tipo de poder sobre él.
Respecto a la sociedad: la alienación del trabajo es el origen de las clases sociales. El lugar del trabajo es sinónimo del lugar que se ocupa en la sociedad, lo que determina todas las posibles relaciones sociales. Además, el trabajo propio del capitalismo genera competencia y desigualdad: el otro no es visto como un compañero, como otro ser humano, sino como un rival con el que competir, contra el que luchar. El trabajo capitalista genera egoísmo y destruye toda posibilidad de unas relaciones sociales basadas en la justicia y la igualdad.
Para Marx hay una relación directa entre esta alienación del trabajador y la propiedad privada. Por eso, desde esta primera época en que perfila el concepto de alienación, abogará por una supresión del capital, que tendrá como consecuencia la desaparición de la alienación del hombre. El ansia de tener, de dominar las cosas, de vencer sobre los demás se verá sustituido por una nueva relación con la naturaleza basada en sentimientos como el amor o la confianza.

POLÍTICA Y SOCIEDAD

El concepto marxista del materialismo.
El concepto materialismo se entiende en oposición al concepto idealismo. Serán
materialistas quienes sostienen que la materia es eterna y el principio fundamental de
toda realidad , de la cual nace el espíritu. El materialismo histórico es la doctrina de Marx que afirma que es la infraestructura económica de una sociedad la que determina
la evolución de dicha sociedad a partir de sus contradicciones internas, esto es, dialécticamente.

Desde este punto de vista, la estructura de la sociedad estará constituida por:
La infraestructura económica. Compuesta por:
– Las fuerzas productivas ,que son los medios de producción, materias primas y trabajadores
– Relaciones de producción: basadas en las relaciones de propiedad que dan origen a las clases sociales. (Relaciones sociales de los hombre en la producción)
Sobre la base económica se monta la estructura ideológica o superestructura ,está compuesta por diversos aspectos jurídicos, políticos, religiosos, filosóficos, artísticos, etc.

Infraestructura y superestructura están en relación de determinación. La infraestructura determina a la superestructura. Esto es que dependiendo como sea la infraestructura de una sociedad así será su superestructura. En otras palabras: la economía de una sociedad determina sus leyes , su políticas, su filosofía, su religión. El cambio de una forma social a otra se producirá cuando se dé un cambio en la infraestructura.
El cambio de una forma social a otra se producirá de la siguiente forma:
Las fuerzas productivas adquieren en un momento dado un gran desarrollo , con lo cual las antiguas relaciones de producción ya no valen. Se produce un desajuste que motiva un cambio en dichas relaciones.
Como consecuencia de ese cambio se produce una nueva superestructura.

La evolución dialéctica de la sociedad. (Historia)

Hemos visto la estructura de la sociedad cuyo fundamento y base es la
infraestructura económica. Esta determinará la superestructura de la sociedad como
antes hemos explicado.
Por otra parte esta infraestructura no es absoluta sino que evoluciona de forma
dialéctica (lo cual supone el desarrollo histórico de la sociedad) como veremos a
continuación.
El punto de partida de Marx es la actividad material del hombre tendente a
satisfacer sus necesidades. Esta actividad se denomina producción.
La relaciones sociales que el hombre establece en la producción Marx las llama
relaciones de producción. El hombre viene determinado por esas relaciones .
Históricamente las relaciones de producción que se han dado son , según Marx, las
siguientes:
Amo- esclavo en el mundo antiguo.
Campesino –señor en la Edad media.
Oficial-maestro en el renacimiento
Obrero-empresario en la sociedad capitalista

Cada una de estas relaciones producción suponen o constituyen respectivamente
un modo de producción. Por tanto históricamente se han dado cuatro modos de
producción: esclavista, feudal, gremial y capitalista. En cada modo de producción hay
grupos con intereses comunes entre sí y antagónicos con los demás. A estos grupos les
llama Marx clases sociales. Podemos definir una clase social como un conjunto de
individuos que comparten una posición de poder o política, un situación económica y/o
profesiones y ocupaciones similares en razón de lo cual esos individuos comparten
actitudes y valores similares dentro del sistema social.
Por tanto , la historia será entonces concebida como el desarrollo de los diversos
modos de producción cuyo motor es la lucha de clases. La lucha de clases es el conflicto que opone a las clases sociales en grupos antagonistas. Este enfrentamiento de las clases sociales en las distintas sociedades explica el desarrollo del proceso histórico, el paso de un modo de producción a otro.
El desarrollo , o paso de un modo de producción a otro se produce así:
Cada forma social lleva dentro de sí su negación. Ello se debe a que cada modo de producción contiene una escisión interna, esta división es debido a que en cada modo de producción existen clases sociales antagónicas.
Esta negación produce un cambio de forma social. A este cambio es a lo que llamamos revolución.
La revolución instaura una nueva forma social con distintas relaciones entre clases, e incluso distintas clases, que a su vez llevan dentro de sí una escisión interna.

Es la historia materialmente concebida, entendida como la historia de la lucha de
clases que sigue un esquema dialéctico de estructura Tesis-Antítesis-Síntesis tomado
de Hegel. Según Marx este proceso terminará cuando queden abolidas todas las clases
sociales , con lo que al no haber clases no habrá tampoco lucha de clases que provoque
la llegada de una nueva forma social. La fase de la historia sin clases es llamada por Marx comunismo, en el que no habrá propiedad privada que es la que origina la división entre clases antagónicas.

Crítica al capitalismo y el comunismo como fin del capitalismo.
La crítica de la economía política burguesa se convierte en el centro del
pensamiento de Marx y es el eje de su fundamental y está recogida en su obra más importante: El Capital.
Los economistas clásicos , tales como Adam Smith y D. Ricardo, consideraban
tres fuentes de riqueza: la naturaleza, el capital y el trabajo. Marx rechaza esto y sólo
considera el trabajo como fuente de riqueza. Si por naturaleza entendemos tierra, ésta en si misma no es ninguna fuente de riqueza si no se trabaja y por otra parte el capital no es más que trabajo acumulado. Por tanto sólo el trabajo es lo que genera riqueza.
El problema es que el trabajo no genera igual riqueza para todos, sólo para una minoría.

Por otro lado Marx también criticará la idea clásica que afirma que las leyes económicas son absolutas y naturales. Según Marx las leyes económicas capitalistas están históricamente determinadas en cada formación social, según sea una sociedad así
serán sus leyes económicas.
La obra conocida como El Capital comienza con el estudio de lo que se entiende por mercancía. Llamamos mercancía a cualquier cosa que es elaborada con vistas a su intercambio por cualquier otra.
Toda mercancía tiene una valor económico. Este valor es doble: de uso y de
cambio. El valor de uso es el que tiene la mercancía en virtud de sus cualidades
específicas que permiten satisfaces determinadas necesidades(para lo que sirve cada
cosa) .El valor de cambio o intercambio es el valor común a diversas mercancías y que
permite cambiar unas por otras. Es un valor cuantitativo. Este valor se mide en dinero.
El valor de cambio se calcula midiendo las horas de trabajo/ trabadores necesarios para
producir algo.

Como la sociedad capitalista convierte todo en mercancía, también convertirá un
mercancía el trabajo del trabajador. Una vez convertido en mercancía, el trabajo del
trabajador, tendrá un valor de cambio medido en dinero que será el sueldo que el
empresario paga al trabajador.
Pero lo que surge del trabajador tiene mayor valor que el valor del salario que
este cobra. La diferencia que hay entre ambos se la apropia el empresario. A esta
diferencia Marx le llama plusvalía, que es la diferencia que hay entre lo que cuesta
mantener al propio trabajador en condiciones de trabajar y lo que cuesta lo que este
produce.

El beneficio es sacado por el empresario a partir de la plusvalía que es la base de
la economía capitalista. En definitiva, el trabajador vende su fuerza de trabajo para poder seguir viviendo es decir, vende su actividad vital a otra persona. De esta forma no advierte que el trabajo forma parte de su vida, sino que concibe al trabajo como un sacrificio para su vida.
.
La lógica propia del desarrollo del capitalismo será la que produzca las condiciones para su superación. Marx afirma que el sistema capitalista se irá debilitando gradualmente por la misma dinámica de su desarrollo interno, pues las leyes inmanentes de la producción capitalista provocan crisis periódicas hasta la disolución del capitalismo. Estas leyes pueden reducirse a tres:
Ley de la tendencia a la baja de la cuota de beneficio. Esta tiene su origen en que la producción no se realiza para satisfacción de las necesidades sino para la obtención de una ganancia. Lo que importa al capitalista es la cantidad total de beneficio que
obtiene. Por tanto, trata de mejorar sus métodos de producción para conseguir mercancías a menor costo. Pero haciendo esto se ve obligado a aumentar la porción de capital invertido por lo que , aunque el beneficio aumenta , el porcentaje real de beneficio disminuye.
Ley de la proletarización constante. Esta ley también se infiere del movimiento general de la sociedad capitalista. Se deriva de la explotación constante de la fuerza de trabajo que hace que el capital tienda a concentrarse en menos manos. Por tanto
disminuye el número de capitalistas en una sociedad y automáticamente crece el número de proletariados.
El fenómeno de las crisis periódicas. El sistema capitalista va impulsando hacia una acumulación cada vez mayor de capitales, pues el capitalista se ve obligado a incrementar al máximo su capital para compensar la reducción de la cuota de beneficio. Pero la superabundancia de capital produce una superproducción unida a la subida de precios por la insuficiencia en materias primas. Además de debe añadir la limitación del consumo de masa de productores. Se produce demasiado en comparación con lo que los obreros pueden comprar con arreglo a los ingresos que percibe.

DIOS

Marx considera que la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Su punto de vista es claramente ateo: no existe Dios ni una dimensión humana hacia lo trascendente (por ejemplo, algo así como un alma).No encontramos en su filosofía argumentos explícitos que muestren la verdad del ateísmo frente a la verdad del creyente; para este filósofo el ateísmo es más bien un principio. Seguramente porque pensó que ya las críticas de la izquierda hegeliana, particularmente Feuerbach, habían puesto de manifiesto la inconsistencia o falsedad de las creencias religiosas, Marx apenas se molesta en refutar los argumentos para la demostración de la existencia de Dios, o en mostrar el supuesto absurdo de las creencias religiosas. Si queremos buscar en su filosofía una crítica a la religión la encontramos más bien en su idea de la religión como alienación.
      La religión tiene que ser estudiada objetivamente, esto quiere decir que, desde su punto de vista, tenemos que estudiar la religión como estudiamos cualquier otra manifestación humana, tratando de ver su relación con otras experiencias humanas y, particularmente, en relación con las condiciones económicas y sociales de la sociedad que la ha gestado. En esta línea, Marx critica la religión por considerarla  una forma de alienación. La religión es una forma de alienación en tres sentidos:

1) Por una parte porque es una experiencia de algo irreal, es una experiencia de algo que no existe. Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que no es Dios quien crea al hombre sino el hombre a Dios. Recordemos el esquema básico de toda alienación: el sujeto realiza una actividad que le hace perder su propia identidad, su propio ser; bien por su actividad, bien por el objeto creado mediante ella, en la alienación el sujeto se anula a sí mismo. Según Marx, esto es precisamente lo que ocurre en la religión: el hombre toma lo que considera mejor de sí mismo (voluntad, inteligencia, bondad, …) y lo proyecta fuera de sí, en el ámbito de lo infinito; a su vez, esta proyección se vive como una realidad que se enfrenta al propio sujeto que la ha creado. Si la religión supone la existencia de Dios como algo infinito, lo hace oponiendo a ella el mundo finito, incluido el hombre mismo, desvalorizando su propio ser y su propio destino, desvalorizando el mundo humano frente a la calidad absoluta de la realidad trascendente o divina, realidad, por otra parte, dice Marx, meramente inventada por el hombre.

2) Pero la religión también es alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica. Al consolar al hombre del sufrimiento que en este mundo le toca vivir, sugiriendo en él que en el otro mundo le corresponderá la justicia y la felicidad plena, le resta capacidad, energía y determinación para cambiar las situaciones sociales, políticas y económicas que son las realmente culpables de su sufrimiento. En este sentido Marx dice que la religión es el “opio del pueblo”, pues, en definitiva, adormece el espíritu revolucionario que de otro modo tendría el ser humano.

3)Finalmente, su crítica a la religión se extiende también al hecho de que la religión  suele tomar partido, pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro.   
      Por las razones citadas, Marx consideró que era necesaria la superación de la religión y que ésta pasa realmente por la superación del sistema de clases sociales: la diferencia con respecto a Feuerbach se centra precisamente en esta cuestión, pues para Feuerbach la supresión de la religión era posible con su superación intelectual, con la crítica filosófica a la religión; Marx creyó que era necesario, además y fundamentalmente, la modificación de las condiciones económicas que la han hecho posible, es decir, la desaparición del orden social creado a partir de la existencia de la propiedad privada. En la sociedad comunista no existirá la religión pues en esta sociedad no existirá la alienación, y ya se ha dicho que la religión aparece como consecuencia de la alienación. 
 
ÉTICA

Para Marx la ética es ideología pura con la única visión de legitimar lo que hay. Según Marx los seres humanos no necesitan una moral para ver transformado su mundo, necesitan que se transformen las condiciones de la humanidad en que vive la mayoría, víctima de la desigualdad y la injusticia.
Para Marx no es la teoría sino la práctica, el cambio de circunstancias reales, lo que eliminará ciertas ideas de las mentes humanas y así cambiar la moral de las personas. Para Marx la moral no será capaz de superar la alienación del hombre, sino que será preciso la transformación de las estructuras materiales que son realmente culpables de la enajenación de los seres humanos. Las ideas morales o filosóficas no contribuyen a superar este mundo, más bien lo consagran y lo justifican al no darse cuenta de su procedencia. La Ley y la moral son, prejuicios burgueses derivados de interés burgueses con la única y exclusiva intención de perpetuar la riqueza en quien la posee. Los valores morales son los portavoces de los intereses de la clase dominante.
Para Marx la transformación moral del mundo es pura mentira sino atiende fundamentalmente a la corrección de una distribución de la riqueza radicalmente injusta e inmoral.
Muchas incertidumbres rodean a la ética marxista. Aunque virtualmente todos los marxistas concuerdan con la base materialista dialéctica para la moral y la inevitabilidad de la evolución de los preceptos morales, no pueden predecir cómo sería la ética de una sociedad sin clases. Los marxistas etiquetan de “inmoral” a la ética cristiana, porque mantiene teóricamente el dominio de la burguesía sobre el proletariado. Pero los marxistas no pueden concebir un esquema moral diferente a la vaga idea de la “creación de un nuevo hombre moral.”

Una ideología ética que incluya la inevitabilidad del cambio y la evolución de los valores morales pone en libertad a los marxistas para abandonar los estándares morales generalmente aceptados, en la búsqueda de un bienestar mayor—la creación de una sociedad comunista sin clase. Esta búsqueda requiere que los marxistas se dediquen a la causa y utilicen cualquier acción que crean que producirá una sociedad sin clases. Cualquier línea de acción, entonces, sin importar lo inmoral que le parezca a un mundo que cree en un estándar moral absoluto o universal, es moralmente buena, dentro de la cosmovisión marxista-leninista.

CONOCIMIENTO

El conocimiento para Marx no es un elemento puramente cognoscitivo o contemplativo sino que tiene siempre una dimensión práctica y pragmática dirigida a la transformación de la realidad. Este es un punto importante. La realidad es conocimiento aplicado, la ciencia es para Marx conocimiento ligado al interés revolucionario y transformador. Que teoría y práctica estén unidas es otro elemento propio del marxismo que lo distingue del resto de teorías. Nuestro conocimiento es pragmático, tiene el objetivo de transformar.
Marx no es un empirista grosero ni tampoco es un positivista. Admite que los datos o los hechos no son puros, son construidos basándose en intereses transformadores. El conocimiento no es un reflejo pasivo sino el producto de una actividad. Todo conocimiento es siempre derivado de la actividad del sujeto. No es una recepción pasiva, no nos impregnamos de la realidad exterior. Es una actividad crítica, que separa, que elige, que selecciona, que segrega.
Otra cosa importante en Marx es la capacidad de conocer con el criterio de verdad (o uno de los criterios fundamentales de verdad) que es el de la práctica. La práctica es una especie de bucle que confirma o apoya el tipo de conocimientos que tenemos. Es un mecanismo que nos sitúa y nos corrige en la búsqueda de la verdad. Lo verdadero es lo práctico.
Para Marx el conocimiento era una realidad objetiva, la cual debe ser estudiada en su proceso histórico, junto a las contradicciones que se pueden manifestar en el interior de cada proceso de desarrollo histórico.

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