LA POESÍA DE 1939 A FINALES DEL S.XX

La evolución de la literatura española sufrió un corte profundo a raíz de la Guerra Civil debido a la muerte y el exilio de los modelos literarios. Sin embargo, éste no fue tan drástico en la poesía posterior a 1939. Destacan autores del 27 en el exilio como Alberti (Retornos de lo vivo lejano), Salinas (El contemplado), Cernuda (Vivir sin estar viviendo) o Guillén (Clamor). Pero no podemos olvidar en ningún caso la muerte de Machado en el exilio, el fusilamiento de García Lorca o la prisión y muerte de Miguel Hernández.

En los años de enfrentamiento (1936-1939) se desarrolló tanto en el bando republicano como en el de los sublevados una literatura de propaganda ideológica, pero de escasa calidad, salvo en el caso significativo del poeta Miguel Hernández, con Viento del pueblo, donde la voz del poeta anima a los soldados republicanos en las trincheras. De formación autodidacta, lee a los clásicos y en Madrid entabla amistad con Neruda y Aleixandre. Afiliado al PCE, fue detenido en la Guerra Civil y llevado a la cárcel, donde murió enfermo. Destaca por El rayo que no cesa, al ser una de las obras de sonetos amorosos más bellos de la poesía española de todos los tiempos. También destaca su última etapa, desnuda y profunda, con poemas escritos en la cárcel (Cancionero y Romancero de ausencias), donde se lamenta por la ausencia de los suyos o la separación con su mujer, destacando un poema esperanzador, dedicado a su segundo hijo, Nanas a la cebolla.

La poesía de la inmediata posguerra, la de los años 40, se divide en dos bandos, como ocurre con las dos Españas irreconciliables. Se caracteriza pues por la diversidad de tendencias. Por un lado, nos encontramos la poesía arraigada, en la que destacan autores que sienten simpatía por la dictadura franquista y que tratan temas tradicionales, con métrica y estilística clásica. Sobresalen Luis Rosales y Leopoldo Panero. La otra corriente lírica es la poesía desarraigada, opuesta a la anterior, arrebatada, de agrio tono trágico, de angustia y sufrimiento. El estilo es bronco, sincero y humano, menos preocupado por los artificios estéticos. Sobresalen Dámaso Alonso (Hijos de la ira), Gabriel Celaya y Blas de Otero. Surge el grupo cordobés Cántico, con tendencias personales e intimistas, con Ricardo Molina y Pablo García Baena entre otros.

En los años 50 y comienzos de los 60, se extiende la poesía social. Es un período en el que la poesía toma partido en la situación española, intentando servir de instrumento para cambiar el mundo. El poeta se hace solidario con los demás hombres, con una clara repulsa de la neutralidad ante las injusticias o conflictos sociales. El estilo es claro, sencillo y la lengua es coloquial para que todo el mundo pueda entender el mensaje. La poesía social comienza a desarrollarse de la mano de Vicente Aleixandre (Historia del corazón), Gabriel Celaya (Las cartas boca arriba), José Hierro (Tierra sin nosotros) y Blas de Otero, poeta que evoluciona desde la poesía desarraigada en la que expresa su yo personal y sus angustias existenciales (Ancia) hasta la poesía combativa, en la que se dirige a la “inmensa mayoría” (Pido la paz y la palabra).

En los 50 surge un segundo grupo de poetas que pretende seguir escribiendo poesía crítica, pero con formas más elaboradas y caracterizadas por la preocupación fundamental por el hombre y sus problemas, abandonando el dramatismo y la postura inconformista frente a la realidad que rodea al poeta y el estableciendo una poesía basada en experiencias personales con una temática intimista y cotidiana. El estilo es irónico y humorístico, en aras de un lenguaje musical. Sobresalen Gil de Biedma (Las personas del verbo), Ángel González (Áspero mundo), José Ángel Valente (Punto cero), Claudio Rodríguez (Desde mis poemas) y Francisco Brines.

En 1970 se publica una antología de nuevos autores nacidos tras la Guerra Civil, llamada Nueve novísimos poetas españoles. De ellos destacan Guillermo Carnero (Dibujo de la muerte), Félix de Azúa (Cepo para nutria), Manuel Vázquez Montalbán (Manifiesto subnormal) y Vicente Molina Foix (Los espías del realista). La temática es muy variada (la guerra de Vietnam, la sociedad de consumo o el libertinaje), el estilo es frívolo y el tono grave, a la vez que insolente. Son autores con una importante cultura intelectual, que se muestran inconformistas y rebeldes con el arte establecido e imperante. Su lenguaje recibe las influencias del surrealismo del grupo del 27 y sus modelos son poetas hispanoamericanos como Octavio Paz. La poesía novísima plantea una ruptura con el realismo social de décadas anteriores.

A partir de la recuperación de la democracia en 1975, se observa una gran cantidad de tendencias. En la poesía actual, las orientaciones se han multiplicado, pero se observa una propensión a abandonar el esteticismo por un mayor intimismo y emoción. La temática es muy variada como lo son los modelos que imitan: místicos, autores barrocos, románticos, noventayochistas, vanguardistas, Generación del 27 o a autores de los 50….. Rescatan el pasado literario español utilizando tanto la métrica tradicional como el verso libre.

Destacan los neosurrealistas, que continúan la línea de algunos novísimos (Blanca Andreu); los posnovísimos, que escriben una poesía de la experiencia (Luis García Montero y Jon Juaristi); los románticos, que prefieren la poesía de la imaginación (Francisco Bejarano); la poesía épica, que recupera el recuerdo de un pasado idílico, en la que destaca Julio Llamazares (La lentitud de los bueyes); y la poesía erótica, que indaga en la intimidad (Ana Rosseti y Juan Castro).

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