LA ESPAÑA ACTUAL

16. LA ESPAÑA ACTUAL

16.1 LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA. LA CONSTITUCIÓN DE 1978. PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DESARROLLO INSTITUCIONAL. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y SU EVOLUCIÓN.

La transición comenzó con la muerte de Franco el 20-noviembre-1975 y la proclamación de Juan Carlos I como rey y Jefe de Estado; finalizando en octubre-1982, con la victoria electoral del PSOE.
Carlos Arias Navarro fue confirmado como presidente del Gobierno, junto a ministros representantes del franquismo inmovilista, militares, y reformistas como José Mª Areilza, Alfonso Osorio y Manuel Fraga, con Torcuato Fernández Miranda como presidente de las Cortes y del Consejo del Reino.
El enfrentamiento entre reformistas y Arias Navarro, llevó a que éste presionado por el rey dimitiera en julio- 1976. El rey nombró como presidente a Adolfo Suárez, tenía un perfil falangista, experiencia de Estado y actitud reformista. Inicia contactos con Felipe González, Santiago Carrillo y con CCOO; provocando la dimisión del vicepresidente el ultraconservador general De Santiago, y la entrada del general Gutiérrez Mellado.
El 15-diciembre-1976, se da el paso definitivo hacia la democracia, se aprueba en referéndum la Ley de Reforma Política, ideada por Fernández Miranda; establecía el bicameralismo y el sufragio universal.
En 1977 se vivieron momentos difíciles, terrorismo de extrema derecha (matanza de los abogados laboralistas de Atocha), y de ETA y GRAPO (secuestro presidente Consejo de Estado). El 9 de abril de 1977, Suárez legaliza el PCE por decreto ley. Se disolvió el sindicato vertical, el tribunal de orden público y el movimiento nacional.
Las elecciones (15-junio-1977), dieron el triunfo (en minoría) a la UCD de Adolfo Suárez. EL 25-octubre-1977 se firma los Pactos de la Moncloa, acuerdos entre Gobierno, empresariado, partidos y sindicatos; para reducir la inflación, acometer la reforma fiscal, de la Seguridad Social y de la empresa pública.
En septiembre de 1977, fue reinstaurada la Generalitat en Cataluña, con Josep Tarradellas como presidente.
Entre septiembre de 1977 y octubre de 1978 el Gobierno creó trece preautonomías, produciendo cierto descontento en sectores del ejército, creándose el Ministerio de Defensa para desactivar la extrema derecha militar, que protagonizaría la “Operación Galaxia” intentona golpista en noviembre de 1978.
Se inicia la elaboración de la nueva Constitución, en manos de una ponencia de siete miembros. Se debatió en las Cortes de mayo a octubre, siendo aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978, y promulgada el 29.
Recoge los principios de: soberanía nacional, monarquía parlamentaria como forma de Estado, la unidad de España compatible con la pluralidad nacional. Se establece al rey como Jefe de Estado, teniendo el mando supremo de las fuerzas armadas; división de poderes: el poder legislativo en dos cámaras (Congreso de los Diputados y Senado) elegidas por sufragio universal, el poder ejecutivo reside en el Gobierno, y el judicial corresponde a los juzgados y tribunales, coordinados por el Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional. Recoge una declaración de derechos y libertades muy avanzados, y define un Estado no confesional. Distingue entre nacionalidades y regiones; dos vías para crear comunidades autónomas: vía rápida (art. 151) para las nacionalidades históricas (utilizado por Andalucía), y vía lenta por el art. 143.
Entre 1979 y 1982 tuvo lugar la segunda etapa de la transición. Aprobada la Constitución se disolvieron las Cortes y se convocaron nuevas elecciones (marzo 1979), ganadas por la UCD, que volvió a gobernar en minoría. En esta legislatura se celebraron las primeras elecciones municipales de la democracia (abril 1979), con un avance de la izquierda; se aprobó el Estatuto de los Trabajadores (1980).
Ya aprobada la Constitución de 1978, se desarrolló el Estado de las Autonomías, creándose el Ministerio de Administración Territorial. Entre 1979 y 1983 se crearon diecisiete comunidades autónomas. En octubre de 1979 se aprobaron los Estatutos de Cataluña y Euskadi, éste último más complejo por la oposición del PNV a la Constitución y pretensiones independentistas de la izquierda nacional; Galicia en diciembre 1980, Andalucía en febrero de 1980 y octubre 1981; las otras trece celebraron sus primeras elecciones en mayo de 1983. Ceuta y Melilla se conformaron en Ciudades Autónomas en 1995. Se promulgó la LOFCA (1980) y la LOAPA en 1982.
La UCD entró en crisis, el PSOE presentó una moción de censura (mayo-1980) y Suárez dimitió el 29-enero- 1981, se nombró candidato a Leopoldo Calvo Sotelo. El 23-febrero, en la sesión de investidura se produjo el intento de golpe de Estado dirigido por Tejero, Milans del Bosch, junto al general Armada; la falta de apoyos y la postura del rey frustraron la operación. Con el Gobierno de Calvo Sotelo se aprobó la Ley del Divorcio y se ingresó en la OTAN.
El adelanto electoral a octubre-1982 dio el triunfo al PSOE, finalizando los gobiernos de UCD y la transición.

 

16. 2 LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS. LOS DESAFÍOS DEL GOLPISMO Y DEL TERRORISMO. CAMBIOS POLÍTICOS, SOCIALES Y ECONÓMICOS. CULTURA Y MENTALIDADES.

Las elecciones celebradas el 28-octubre-1982, dieron el triunfo al PSOE por mayoría absoluta; considerándose concluida la transición e iniciándose la consolidación de la democracia. El PSOE ganaría cuatro elecciones consecutivas (1982, 1986, 1989 y 1993) y Felipe González presidiría el Gobierno en las cuatro legislaturas.
En la primera legislatura (1982-1986), adoptaron medidas para consolidar la democracia: regulación de derechos y libertades (Ley del Aborto), reforma de la Administración de Justicia (mayor control sobre el CGPJ por el Parlamento), finalización del proceso autonómico (1983), excepto Ceuta y Melilla; supremacía del poder civil sobre el militar, Ejército quedó como cuerpo profesional (Ley de Objeción de Conciencia y la Prestación Social Sustitutoria) en defensa de los valores democráticos, poniendo fin al intervencionismo militar: “Operación Galaxia” y en el 23-F 1981; potenciación de la lucha antiterrorista contra la extrema derecha (protagonistas en la transición de la Matanza de Atocha-1977) y sobre todo contra ETA, mayor presión de las fuerzas de orden público, aparece el GAL y colaboración de Francia desde 1984; y desarrollo de la política social: LRU (1983), LODE (1986), y mejora del sistema de prestaciones por desempleo y pensiones.
En economía, inició una política de ajuste: se moderó el incremento salarial, se abordó una reconversión industrial y reestructuración de la banca. Tuvo lugar la expropiación de RUMASA, y el paro siguió creciendo.
En política exterior, España firmó, junto a Portugal, el Tratado de Adhesión a la CEE (12-junio-1985) que entró en vigor el 1 de enero de 1986. Se celebró el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN.
En 1986 el PSOE volvió a renovar la mayoría absoluta. Aplicó una política neoliberal, privatizando empresas del INI; llevando al Gobierno a una confrontación con los sindicatos que acabó en la huelga general el 14 diciembre 1988. Pero la reforma fiscal y las ayudas europeas, permitieron inversiones públicas y el crecimiento de los servicios educativos y sanitarios (Ley General de Sanidad-1986), desarrollando el Estado de bienestar.
El terrorismo de ETA persistió (atentado HIPERCOR – 1987), se firmó el Pacto de Ajuria Enea (1988), y en 1989 se iniciaron en Argel conversaciones con la dirección de ETA.
Durante la tercera legislatura (1989-1993), a la división interna entre guerristas y renovadores, se unió la recesión económica tras los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en 1992, y la subida del paro. En política social, en 1990 se aprobaron la LOGSE y las pensiones no contributivas.
En política internacional, el 7 de febrero de 1992 se firma el Tratado de Maastricht, nacía la UE, estableciéndose un programa de convergencia económica que el PSOE no logró cumplir.
El Gobierno se vio afectado por escándalos como FILESA. En 1991 Alfonso Guerra dimitió de la vicepresidencia.
En 1993 los socialistas perdieron la mayoría absoluta. Se vivió una etapa de crispación política, con la corrupción de altos cargos (Roldán), y la reapertura del sumario de los GAL.
Las elecciones de mayo-1996, dieron la victoria en minoría al PP, pactando principalmente con CIU.
El Gobierno de Aznar, inició una política centrista y dialogante con las minorías nacionalistas y sindicatos. Inició una política económica neoliberal (Rodrigo Rato), que permitió cumplir las condiciones de Maastricht, entrando en la Unión Económica y Monetaria europea, adoptando el euro. Se privatizaron empresas (Telefónica, CAMPSA, Argentaria) y se intensificó la concentración bancaria (BSCH, BBVA).
El terrorismo de ETA se incrementó (secuestro Ortega Lara 1996, asesinato Miguel Ángel Blanco 1997,) En 1998 se firmó el Pacto de Estella; ETA anuncia una tregua, rota en noviembre 1999. En política exterior, se integró en la estructura militar de la OTAN (1999). Y se suprimió el servicio militar obligatorio.
En las elecciones de marzo de 2000, el PP ganó por mayoría absoluta, lo que le permitirá gobernar en solitario.
Los cambios políticos y económicos durante la transición y consolidación de la democracia, llevaban pareja una transformación social y desarrollo cultural. El desarrollo económico permitió crear un Estado de bienestar (educación, Seguridad Social, prestación social y pensiones), mayor participación de la mujer en todos los ámbitos, sociedad urbana, llegada de inmigración, secularización de la sociedad y aumento del consumismo.
La democracia trajo cambios culturales y educativos, en 1977 nacía el Ministerio de Cultura; y el desarrollo de los medios de comunicación, reflejaban el contraste de ideas existentes.
La cultura española recibió el reconocimiento internacional con el Nobel de V. Aleixandre y Camilo José Cela .
16-3 LA INTEGRACIÓN DE ESPAÑA EN EUROPA. ESPAÑA EN LA UNIÓN EUROPEA. EL PAPEL DE ESPAÑA EN EL CONTEXTO INTERNACIONAL.

La Transición española también propició la proyección internacional de España. La entrada en la OTAN, en la CEE y la liberalización de la economía, ayudaron a convertirla en uno de los Estados de referencia mundial.
La integración de España en las instituciones europeas era un objetivo compartido por prácticamente todas las fuerzas políticas españolas durante la Transición.
Aunque hubo un aspecto conflictivo: el de la seguridad y defensa. Cuando el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, planteó la integración de España en la OTAN, bajo el influjo del fallido golpe de Estado del 23-F, el PSOE se opuso por motivos ideológicos; Leopoldo Calvo Sotelo llevó adelante dicha integración en 1982, ratificada en el referéndum de 1986. La integración fue determinante para la modernizar el Ejército y acabar con las intenciones golpistas. En 1999 España se integró en la estructura militar.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001, modificaron la estrategia militar de Estados Unidos y de la OTAN; se puso en marcha la Operación Libertad Duradera, por la que las fuerzas de la OTAN intervenían en Afganistán (España en Herat). La intervención en Iraq contó con la presencia española en Nasiriya.
La integración de España en la CEE fue un camino arduo. Tras la negativa a Franco en los 60 y el Acuerdo Preferencial de 1970, a su muerte se abrió el proceso; las negociaciones empezaron el 5-febrero-1979, firmando el Tratado de Adhesión el 12-junio-1985. Con la integración la política exterior tiene como primer asunto las cuestiones europeas y parte de la política interior está supeditada a los acuerdos con la Unión.
España se mostró favorable a los cambios introducidos en los tratados: Maastricht (1992-nace la UE), incremento de la unión económica y monetaria como antesala de una mayor integridad política, iniciando un Plan de Convergencia que España cumplió en 1999 entrando en la primera fase euro; Ámsterdam (1997), revisó los resultados de Maastricht avanzando en sus objetivos; Niza (2000), reformó el Tratado de Ámsterdam aceptando el concepto de Europa de dos velocidades y aprobando reformas estructurales, que se estancaron con el auge de los países euroescépticos. El proyecto de Constitución Europea (2003) aceptado en referéndum por España, se paralizó ante el rechazo de Francia y Holanda. El Tratado de Lisboa (2007), pretendió una visión reducida de la Constitución.
Por la pertenencia a la UE, España ha obtenido beneficios, principalmente, económicos a través de ayudas de los fondos estructurales (FEDER, FSE, FEOGA), que han costeado infraestructuras viarias, educativas, rurales, etc.; y colaboración frente al terrorismo, con la creación de un espacio europeo de seguridad y justicia.
Las presidencias de turno de la Unión presididas por España, y los distintos cargos desempeñados por españoles dentro de la UE, han contribuido a que los españoles asuman como propios los asuntos europeos.
La democracia, con la integración en la OTAN y en la CEE, ha cambiado el papel de España en el contexto internacional, más adecuado a su historia, su posición geográfica y su significación cultural.
Pero además de Europa, España ha desplegado una política exterior en otros ámbitos territoriales:
-América Latina. La democracia en España inició una política de acercamiento a Latinoamérica. Así a propuesta de España se crearon las Cumbres Iberoamericanas (1991). Desde los ochenta España ha ejercido gran influencia en Latinoamérica, en situaciones conflictivas de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Cuba de Fidel Castro, Sudamérica. España ha incrementado su ayuda y ha influido en el aumento de la misma por parte de la UE. Así mismo la presencia económica es importantísima, siendo el segundo inversor tras Estados Unidos.
-Norte de África. Con Argelia, por la dependencia energética, y colaborando en su pacificación; Mauritania por su proximidad a Canarias y control de flujos migratorios; y con Marruecos, por su proximidad, Ceuta y Melilla como focos de tensión, ocupación del Sáhara Occidental (1975), y por los intereses económicos en Marruecos.
-África Subsahariana. La presencia española ha sido escasa, a excepción de Nigeria y Guinea Ecuatorial; y desde 2004 con Senegal y países de la costa atlántica con la firma de acuerdos para reducir la migración.
-Asia. Presencia anecdótica, a excepción de Oriente Próximo, papel reconocido con la celebración de la Conferencia de Paz de Madrid en 1991.
La ayuda exterior ha sido un capítulo importante. Ejemplo del peso internacional de España en la cooperación internacional fue el nombramiento de Federico Mayor Zaragoza como Director General de la Unesco (1987-1999).

LA DICTADURA FRANQUISTA.

15. LA DICTADURA FRANQUISTA.

15.1 LA CREACIÓN DEL ESTADO FRANQUISTA : FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS Y APOYOS SOCIALES. EVOLUCIÓN POLÍTICA Y COYUNTURA EXTERIOR. DEL AISLAMIENTO AL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL. EL EXILIO.

El franquismo (1939-1975), concentraba en Franco la potestad e iniciativa legislativa, rodeándose de ministros de su confianza, sin Parlamento representativo ni Constitución. De 1939-1959 se vivió una fase totalitaria y de dura represión, a través de la Ley de Responsabilidades Políticas (1939).
El régimen concentró el poder en la figura de Franco. Al que hay que unir unos componentes ideológicos:
– Tradicionalismo. “La unidad de la Patria” se justificaba en raíces históricas, exaltando los valores de la Reconquista, Reyes Católicos, Imperio; y tomando sus símbolos (águila, yugo y flechas)
– Nacionalsindicalismo. La Falange aportó sus principios ideológicos: anticomunismo, antiparlamentarismo y antiliberalismo, y los rasgos fascistas (símbolos, saludos y uniformes). Adoctrinó a través de: Sección Femenina, Frente de Juventudes y la Organización Juvenil Española.
– Nacionalcatolicismo. La Iglesia, como legitimadora del régimen, dominó la vida social. Controló la educación, con competencias en la censura y presencia en los medios de comunicación.
– Nacionalpatriotismo. Calificando a la autonomía de las regiones como antiespañola.
– Militarismo. Presente en la vida cotidiana (desfiles, bandera…) y altos cargos de la Administración.
Los pilares del régimen fueron: la Falange (Serrano Suñer, Girón de Velasco); la Iglesia y el Ejército. Junto a terratenientes, grandes empresarios, burguesía provinciana y campesinado católico.
Para legitimar el régimen, junto al Fuero del Trabajo (1938), se promulgaron Leyes Fundamentales:
• Ley Constitutiva de las Cortes (1942). Asamblea consultiva, formada por procuradores que representaban a sindicatos, familias y municipios (democracia orgánica).
• Fuero de los Españoles (1945). Derechos y deberes concedidos por el dictador.
• Ley del Referéndum Nacional (1945). Recogía la posibilidad de consulta por referéndum.
• Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (1947). Se declaraba a España como reino, el cargo de dictador vitalicio y con derecho a nombrar a su sucesor.

Se completarían con la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) y Ley Orgánica del Estado (1967).
En la evolución política del régimen, durante los veinte primeros años, estuvo marcada por la política internacional: la evolución en la II Guerra Mundial y Guerra Fría.
Entre 1938 y 1942 Serrano Suñer, ministro de Gobernación (Exteriores-1939), diseñó un Estado fascista. Junto a él ministros falangistas, militares, y miembros de ACNP. España se declaró neutral en la II Guerra Mundial; posteriormente no beligerante ante el avance de Hitler, cooperando con materias primas y la División Azul; para volver a la neutralidad en 1942. Desde 1945 España quedó aislada; la ONU condenó el régimen en 1946, iniciándose un bloqueo internacional.
Se inicia la etapa de nacionalcatolicismo, mayor influencia de políticos católicos, empieza a destacar Carrero Blanco (subsecretario de la Presidencia). Los falangistas tenían el Ministerio de Trabajo y control sindical.
En la Guerra Fría, el “antisovietismo” de Franco dio sus frutos: Francia reabrió su frontera y junto a Reino Unido firmó acuerdos comerciales. Los acuerdos con Estados Unidos (1953) inician el reconocimiento internacional del régimen: Concordato con la Santa Sede (1953) e ingreso en la ONU (1955).
En materia económica, en los 40 se buscaba la autarquía económica. Ante la escasez el Estado distribuyó las cartillas de racionamiento, con un mercado negro paralelo (estraperlo). En 1941 nace el INI, se impulsaron obras públicas, y la agricultura fue la gran olvidada. En los 50 se suprime el racionamiento, y comenzó el crecimiento unido al fin del aislamiento. En 1957 el Estado estaba al borde de la bancarrota, Franco formó un nuevo Gobierno de tecnócratas, que pondría en marcha el Plan de Estabilización de 1959.
Esta etapa del franquismo estuvo marcada por el exilio y la represión. Tras la guerra se inició el exilio (500.000): norte de África, América (México) y la mayoría a Francia. Con la Guerra Mundial unos 200.000 volvieron (indulto) y otros se unieron a la resistencia francesa. Los que se quedaron hicieron frente a la Ley de Responsabilidades Políticas (febrero 1939), Ley de Represión de la Masonería y del Comunismo (1940) y Ley de Seguridad del Estado (1941). La oposición fue escasa: republicanos en el exilio, maquis y monárquicos (Juan de Borbón- Manifiesto Lausana 1945); aumentando en los 50 (huelgas, SEU).

15.2 LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN FRANQUISTA. LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS: DE LA AUTARQUÍA AL DESARROLLISMO. LOS CAMBIOS SOCIALES.
El franquismo pasó del aislamiento al reconocimiento y consolidación del régimen. Los acuerdos con Estados Unidos, Concordato con la Santa Sede (1953) e ingreso en la ONU (1955) constituyeron una garantía de futuro.
Franco aconsejado por Carrero Blanco, formó un nuevo gobierno (1957) con miembros del Opus Dei, los tecnócratas; así Carrero Blanco desplazó a los falangistas y los militares perdieron protagonismo. Pretendían sacar a España del colapso económico y modernizar sus estructuras, poniendo en marcha el Plan de Estabilización (1959).
La institucionalización del régimen fue un proceso lento y continuo. En 1957 se promulga la Ley de Régimen Jurídico de la Administración Civil del Estado. En 1958 la Ley de Principios del Movimiento Nacional, definía el régimen como una “monarquía tradicional, católica, social y representativa”. A partir de aquí el régimen adquirió una apariencia más moderna, y el peso de los tecnócratas fue mayor; se promulgaron una serie de leyes que, sin democratizar el sistema, pretendían acercarse a los otros estados europeos: Ley de Prensa e Imprenta (1966), Ley Orgánica del Estado (1966), Ley de Libertad Religiosa (1967); y en 1969 Juan Carlos de Borbón es nombrado sucesor a título de rey, jurando lealtad a la Ley de Principios del Movimiento.
En 1969 se formaría un nuevo Gobierno más tecnócrata y con Carrero Blanco de vicepresidente.
En materia económica se vivió una transformación, se pasó de la autárquica al desarrollismo. Tras la guerra civil el régimen estableció una autarquía económica subordinada a los intereses políticos. Las consecuencias de la autarquía fueron negativas: elevó la inflación, frenó el crecimiento, disminuyó la producción agrícola, lo que provocó escasez, alza de precios y hambre; y obligó a distribuir cartillas de racionamiento.
Las medidas liberalizadoras del gobierno tecnócrata en 1959 posibilitó la transformación del sistema productivo. El Plan de Estabilización ponía fin a la autarquía e iniciaba el desarrollismo. Poniéndose en práctica medidas para controlar la inflación: reducción de los créditos, supresión de regulaciones y subvenciones, ajustar los gastos del Estado a los ingresos, y reducir las importaciones al devaluarse la peseta.
La política económica se concretó en los Planes de Desarrollo, tres entre 1962 y 1975, coordinados por la Comisaría del Plan de Desarrollo dirigida por López Rodó.
El eje de la actividad económica se desplazó de la agricultura a la industria y en menor grado a los servicios. Se mecanizó el campo, y el exceso de mano de obra se desvió hacia la industria, iniciando un gran éxodo rural.
La mitad de la producción industrial se concentró en Cataluña, País Vasco y Madrid. Experimentó gran desarrollo la producción de bienes de consumo (automóviles – SEAT 600), química, siderúrgica y alimentaria. La balanza comercial se compensó con las divisas procedentes de los emigrantes, el turismo y la entrada de capital del exterior.
Los planes de desarrollo no fueron determinantes del crecimiento económico. España aprovechó el ciclo económico favorable aumentando la exportación de productos y de mano de obra excedente; además logró un acuerdo preferencial con la CEE (1970).
El crecimiento económico tuvo deficiencias: dependencia del exterior, desequilibrios regionales, inexistencia de una reforma fiscal, y control del poder económico. Disminuyó desde 1967, hasta la llegada de la crisis mundial (1973).
El desarrollo económico trajo cambios sociales, transformando los hábitos y mentalidades. Produjo un aumento de la población, como consecuencia de un incremento de la natalidad (baby boom, 1956-67) y un descenso de la mortalidad; que unido al desigual reparto de la riqueza intensificaron el proceso migratorio, el interior (País Vasco, Cataluña, Valencia y Madrid); y exterior (Europa y América). La emigración fue una válvula de escape para el régimen; creó el Instituto de Emigración (1957), y aprobó la Ley de Ordenación del Emigrante; aceleró el proceso urbanizador, y la desrruralización aceleró la modernización de la agricultura.
El tránsito a una economía industrial y de servicios provocó: aumento de las clases medias, disminución de los jornaleros agrarios y aumento de los obreros industriales y de servicios. Irrumpió el consumismo, y nuevas aficiones para el ocio: deporte, radio, televisión, etc. La sanidad mejoró con la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963); la educación era un objetivo prioritario, aumentó la escolarización, y en 1970 se promulgó la Ley General de Educación; mientras la Iglesia se transformaba y el papel de la mujer varió y se incorporó al trabajo.

15.3 ELEMENTOS DE CAMBIO EN LA ETAPA FINAL DEL FRANQUISMO. LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN. EVOLUCIÓN DE LAS MENTALIDADES. LA CULTURA.
La etapa final del franquismo, (1969-1975), se caracterizó por un deterioro del régimen paralelo al biológico que experimentaba Franco (77 años y enfermo de Parkinson).
En julio de 1969, el príncipe Juan Carlos había sido proclamado sucesor en la jefatura del Estado a título de rey, jurando lealtad a la Ley de Principios del Movimiento Nacional.
El caso Matesa (1969), sacado a la luz por ministros independientes y falangistas, llevó a la formación de un nuevo gabinete más tecnócrata (octubre 1969), con Carrero Blanco como vicepresidente, y con dos objetivos: mantener la unidad de las fuerzas franquistas e impedir el crecimiento de la oposición. A partir de aquí, se produjo una pugna entre inmovilistas (ultrafranquistas-Bunker) y aperturistas (reformadores).
En julio de 1973, Franco renunció a sus funciones de jefe del Gobierno a favor de Carrero Blanco. Gobierno “duro”, con Carlos Arias Navarro como ministro de Gobernación y Torcuato Fernández Miranda como vicepresidente; tenía como objetivo sofocar las reformas y aplastar la oposición.
El 20 de diciembre de 1973 Carrero Blanco muere víctima de un atentado de ETA. El régimen salió airoso de la crisis, gracias a la habilidad del presidente en funciones Fernández Miranda y a la ausencia de disturbios graves.
Carlos Arias Navarro fue nombrado jefe de Gobierno, representante de la línea dura, en su gobierno sólo había tres militares y desaparecieron los miembros del Opus Dei. El nuevo gobierno inició su andadura con promesas aperturistas (espíritu del 12 de febrero), pero las huelgas, protestas obreras y la creciente oposición, llevaron al búnker del régimen a obligar a Arias Navarro a frenar sus promesas de apertura.
Ante los síntomas de descomposición del régimen, el gobierno recrudeció la represión aprobando un decreto-ley que preveía la pena de muerte para delitos terroristas, como ocurriría el 27 de septiembre de 1975 con la ejecución de dos activistas de ETA y tres del FRAP, provocando una crisis por la retirada de embajadores.
En las relaciones exteriores no se logró firmar un nuevo concordato. La CEE negó el ingreso de España, aunque logró un Acuerdo Preferencial (1970). El proceso descolonizador siguió con la independencia Guinea Ecuatorial (1968) y cesión de Ifni a Marruecos (1969). En octubre de 1975, Marruecos realiza la “marcha verde” sobre el Sáhara y Arias Navarro cedió la colonia a Marruecos y Mauritania.
En los últimos años se consolidó una oposición seguida desde: la Iglesia que desde el Concilio Vaticano II comenzó una separación del régimen, y una actitud crítica liderada por el cardenal Enrique Tarancón; la oposición social, desde el mundo obrero (CCOO); la Universidad (FLP) y el movimiento ciudadano; la oposición política, desde el exilio (Congreso del Movimiento Europeo-Múnich 1962-“contubernio comunista”), destacan el PCE y el renovado PSOE que lideraron la Junta Democrática (1974) y la Plataforma de Convergencia Democrática (1975) respectivamente; el Ejército (UMD) influido por Portugal (Revolución de los claveles); y el terrorismo de ETA, FRAP y GRAPO.
A finales de los sesenta, una crisis social afectó a la mentalidad occidental. Se inicia un movimiento de protesta, a fin de lograr una mayor libertad. En España, llegó sobre todo a la Universidad; se reflejó en las tendencias antinatalistas fruto de la liberalización de las costumbres. Los jóvenes cuestionaron el papel de la las mujeres y reivindicaron su autonomía personal y profesional. El Concilio Vaticano II, generó un movimiento de opinión en el mundo católico, produciéndose una intensa secularización.
La cultura reflejaba los cambios de la sociedad. Se aprobó la Ley General de Educación (1970), y creció el número de estudiantes. Los jóvenes encontraron en la sociedad de consumo una industria cultural y de ocio semejante a la europea y americana; con unos rasgos estéticos (pelo largo y barba) y la cultura pop como vías de expresión y de contestación juvenil. La represión fue contestada por cantautores (Lluís Llach o Raimon). El cine aportó su crítica (García Berlanga, Bardem). Surgieron revistas de entretenimiento (Mortadelo y Filemón) y críticas (La Codorníz). En las artes plásticas domina la abstracción (Tapies o Chillida). En literatura destacan Blas de Otero y Gabriel Celaya.
En noviembre de 1975 muere Franco, dando fin a una larga dictadura personal, dejando un país en los prolegómenos de una crisis económica y expectante ante la actuación del nuevo Jefe de Estado.

LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL, LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL

14. LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL, LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL

14-1 PANORAMA GENERAL DEL REINADO DE ALFONSO XIII. INTENTOS DE MODERNIZACIÓN. EL REGENERACIONISMO. CRISIS Y QUIEBRA DEL SISTEMA DE LA RESTAURACIÓN. LA GUERRA DE MARRUECOS.

El 17 de mayo de 1902 Alfonso XIII es proclamado rey de España. Su reinado (1902-1931) puso de manifiesto que el régimen de la Restauración del siglo XIX era incapaz de adaptarse al siglo XX.
Tras el 98 nace un movimiento, crítico con el sistema, el regeneracionismo. En su vertiente social y económica destacó Joaquín Costa, censura el sistema político y el falseamiento de la democracia; en la intelectual Ganivet y en la literaria Unamuno. Existió un regeneracionismo desde dentro de la Restauración (Maura, Canalejas) y otro ajeno al sistema: socialistas, anarquistas, republicanos, carlistas y nacionalistas.
Entre 1898 y 1914 hay intentos de modernización promovidos por los partidos del turno. Y del regeneracionismo partió el revisionismo político, para dar un nuevo impulso a la política de la Restauración.
Silvela (1899-1900 y 1902-1903), líder de los conservadores, emprendió “reformas radicales” y una “revolución desde arriba”; para ello creó los ministerios de Instrucción Pública y de Agricultura; Fdez. Villaverde reformó la Hacienda, y Eduardo Dato retomó la legislación social iniciada en la I República.
Santiago Alba, Melquiades Álvarez y José Canalejas proponían la reforma del régimen monárquico desde la izquierda liberal.
Después de Silvela, Maura protagonizó el reformismo conservador; presidente del Gobierno en el Gobierno corto (1903-1904) y en el Gobierno largo (1907-1909). Su programa se basaba en: conservadurismo católico de masas, conectar a la monarquía con la realidad social e incorporar otras fuerzas políticas al sistema (Lliga). Proyectó la Ley de Bases de la Administración Local, para formar mancomunidades (no se aprobó); fundó el INP, e inició una política expansionista en Marruecos para olvidar el 98 y dar un impulso a los militares.
En julio de 1909 estalló en Barcelona la Semana Trágica, en ella confluyeron varios problemas: el catalanismo político (Ley de Jurisdicciones 1906, Solidaritat Catalana), los republicanos (Partido Republicano Radical), y el movimiento obrero (Solidaridad Obrera). Los sucesos de julio se iniciaron cuando el Gobierno de Maura reclutó tropas (reservistas) con destino a Marruecos. Las organizaciones obreras convocaron una huelga general de protesta en Barcelona, que degeneró en un motín que duró una semana. Se construyeron barricadas, hubo actos de proclamación de la República, quema de edificios religiosos y numerosas detenciones. La dura represión con ejecuciones (Ferrer i Guardia) obligó a dimitir a Maura, dando paso a los liberales.
Tras Sagasta, el Partido Liberal renovó sus propuestas con José Canalejas (1910-1912), en su programa admitía la intervención del Estado en la economía y la sociedad, separación Iglesia-Estado (Ley del Candado 1910), incrementó la protección legal a los trabajadores, modificó el sistema de reclutamiento militar (obligatorio en época de guerras, sin exenciones) y democratización del régimen. En 1912 fue asesinado por un anarquista.
Se inicia la crisis regeneracionista y quiebra del sistema de la Restauración (1913-1923). Tras los gobiernos del conservador Eduardo Dato (1913-1915, Ley de Mancomunidades y neutralidad I Guerra Mundial, y del liberal conde Romanones (1915-1918), la inestabilidad política bloqueó el Parlamento, recurriéndose a gobiernos de concentración.
Finalmente estalló la crisis de 1917, en la que confluyeron los siguientes factores:
– El Ejército, desde 1916 había organizado Juntas de Defensa, pidiendo mejoras salariales y profesionales. El Gobierno admitió sus peticiones, promulgándose la Ley del Ejército (1918).
– La oposición política, encabezada por la Lliga, que en julio convocó una asamblea de parlamentarios exigiendo la autonomía catalana y Cortes Constituyentes, la asamblea fue disuelta.
– El movimiento obrero (UGT, CNT), organizó una huelga general indefinida (13-agosto-1917) por la subida de precios, pretendían acabar en una revolución y el fin del régimen. El comité organizador fue detenido.
Otro problema en el reinado de Alfonso XIII, fue la Guerra de Marruecos (1909-1927). Con la Conferencia Internacional de Algeciras (1906), Francia y España se reparten la tutela de Marruecos. Hasta 1909 la expansión fue pacífica, en 1913 se creó un protectorado. De julio-agosto de 1921 tuvo lugar el desastre de Annual, los españoles fueron derrotados por las tropas de Abd-el-Krim, acarreando una serie de consecuencias:
– Políticas. Búsqueda de culpables (Expediente Picasso), salpicando incluso al rey y por tanto al sistema.
– Sociales. La impopularidad de la guerra, favoreció el odio del pueblo contra el sistema.
– Militares. El descrédito de las Juntas de Defensa que desaparecieron en 1922.

14-2 LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA.

Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-31), concretamente desde 1917, el régimen de la Restauración entró en crisis. En los años siguientes era difícil formar mayorías en el Parlamento, ocasionando crisis de gobierno. Aumentó la conflictividad social (huelgas, violencia patronal y reacción armada de los anarcosindicalistas). A ello se unió en 1921 el desastre de Annual.
Durante la primavera de 1923 se estaba conspirando contra el Gobierno, desde dos movimientos distintos. Uno vinculado a la desaparición de las Juntas de Defensa de Barcelona; y otro desde Madrid, que buscaba instaurar un gobierno fuerte, manteniendo la Constitución y la monarquía. El capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, contactó con los segundos, cuando en junio pidió en Madrid plenos poderes para luchar contra el terrorismo en Barcelona, al negárselo se convirtió en enlace de ambos y jefe de la sublevación.
El 13 de septiembre de 1923 Primo de Rivera dio un golpe de Estado, que fue reconocido por Alfonso XIII mandándole formar gobierno sin contar con el Parlamento.
El nuevo régimen recibió el apoyo de la burguesía, del Partido Socialista y la UGT. Primo de Rivera, afirmaba no pretender establecer un régimen definitivo.
De septiembre 1923 a diciembre 1925, se desarrolla la etapa del Directorio Militar. Se proclamó el Estado de guerra, Primo de Rivera disolvió las Cortes, suspendió la Constitución, sustituyó los gobernadores civiles por militares, publicó el Decreto de Incompatibilidades, paró el expediente Picasso, creó el Somatén Nacional, disolvió la Mancomunidad de Cataluña y persiguió el radicalismo vasco (PNV).
La dictadura se institucionalizó con la promulgación del Estatuto Municipal (1924), nombramiento de delegados gubernativos en los ayuntamientos (militares), y creación de la Unión Patriótica (UP, 1924), especie de “partido gubernamental”.
Su mayor éxito vino de Marruecos. Tras una etapa de abandono, los ataques rifeños a las posiciones españolas (1924) y las conversaciones con Franco y Sanjurjo, le animaron a acabar con el conflicto. Se preparó un potente ejército, que unido al francés, desembarcó en la bahía de Alhucemas (septiembre 1925), y tras semanas de batallas, Abd-el-Krim se entregó. El éxito conseguido le reconcilió con el Ejército, con los ciudadanos cansados de guerra, con los empresarios inversores en Marruecos y con Hacienda que podía reducir el déficit.
En diciembre de 1925 se constituyó el Directorio Civil. Tras los éxitos económicos y políticos, Primo de Rivera intentó consolidar el régimen a imitación del fascismo italiano. Convocó una Asamblea Nacional Consultiva (copia del Gran Consejo Fascista italiano) formada por miembros de UP. En política social, se puso en marcha la Organización Corporativa del Trabajo, especie de sindicato oficial, y se creó el Consejo Nacional del Trabajo.
En esta etapa de bonanza económica, siguió en suspenso la Constitución y legislando por decreto. Colaboraron representantes de la oligarquía tradicional (conde de Guadalhorce), nuevos políticos civiles (J. Calvo Sotelo), junto a militares (Martínez Anido). Se acometió la ejecución de obras públicas, una reforma fiscal que introducía la declaración sobre la renta, y creación de monopolios estatales (Telefónica, CAMPSA…).
La dictadura no solucionó la cuestión catalana, ni frenó a un movimiento obrero que se fortalecía. Desde 1928 el PSOE empezó a pensar en una solución republicana, y lo mismo proponían CNT y PCE.
También contribuyeron a la caída de la dictadura, los intelectuales y el ejército peninsular. Los primeros, se vieron atacados por la destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca y por la clausura del Ateneo, desembocando en revueltas universitarias y en el cierre de la Universidad. El ejército peninsular descontento por el favoritismo hacia los militares africanistas. A ello se unía la FAI (1927) y la crisis de 1929.
El 30 enero 1930 Primo de Rivera presenta la dimisión al Rey, que encargó formar gobierno al general Dámaso Berenguer. Pero la complicidad del Rey con la dictadura, alentó el crecimiento republicano, y las fuerzas políticas republicanas firmaron el Pacto de San Sebastián, con un comité revolucionario al que se unieron PSOE y UGT. Estas fuerzas políticas fueron apoyadas por intelectuales y respaldadas por acciones del ejército (sublevación de Jaca-diciembre 1930).
Tras la dimisión de D. Berenguer, el nuevo gobierno del almirante Aznar convocó elecciones municipales el 12 de abril. Acudieron en coalición los firmantes del Pacto de San Sebastián, con un resultado favorable que desencadenó la abdicación del rey y la proclamación de la II República.

14-3 LA SEGUNDA REPÚBLICA: LA CONSTITUCIÓN DE 1931 Y EL BIENIO REFORMISTA

La II República (1931-1936) surgió en las elecciones municipales (12- abril- 1931), los resultados favorables a la Coalición Republicano Socialista, provocan la salida del Rey y la proclamación del nuevo régimen el 14 de abril.
El Gobierno provisional, presidido por Alcalá-Zamora, se enfrentó con problemas acuciantes, iniciando un programa reformista mediante decretos ministeriales. Convocaron elecciones generales el 28 de junio, mediante sufragio universal masculino, que dieron el triunfo a la coalición Republicano Socialista.
La redacción de un nueva Constitución fue la primera tarea de las nuevas Cortes. La aprobación de los artículos 26 y 27, relativos a la cuestión religiosa, provocó la dimisión de Alcalá-Zamora y M. Maura (ministro de Gobernación), poniendo al frente del Gobierno a Azaña. Aprobada el 9 de diciembre de 1931, al día siguiente Alcalá Zamora es elegido presidente de la República y confirmaba a Azaña al frente del Gobierno.
La Constitución de 1931, de talante progresista, configuraba un régimen democrático, parlamentario y laico moderno, descentralizado y en el que se recogía la función social de la propiedad.
Establece la soberanía popular. División de poderes, el legislativo unicameral, en el Congreso de los Diputados; el ejecutivo: la Jefatura del Estado corresponde al presidente de la República elegido cada seis años, este nombra al Jefe de Gobierno y a propuesta de este a los ministros, pero ratificados por las Cortes; en el poder judicial se establecerá el Tribunal de Garantías Constitucionales. Amplia declaración de derechos y libertades: asociación, reunión, expresión… En materia religiosa libertad de cultos y la aconfesionalidad del Estado, separando Iglesia-Estado. Por primera vez el sufragio universal masculino y femenino. Se contempla la aprobación de estatutos de autonomía para las regiones, y la formación de cabildos en Canarias y Baleares.
El Bienio reformista (1931-1933). El primer gabinete constitucional presidido por Azaña, se inició con la salida de los miembros radicales (Martínez Barrio y Lerroux).
Durante los años 1932 y 1933, el Gobierno profundizó en el programa reformista, iniciado durante el Gobierno provisional, que consideraba indispensable para modernizar la sociedad y el Estado:
– Reforma agraria. Se promulgó la Ley de Reforma Agraria (septiembre 1932), pretendía una redistribución de la propiedad agraria, autorizando la expropiación con indemnización de las fincas no cultivadas y las deficientemente cultivadas, siendo el IRA el encargado de la expropiación y reparto.
– Reforma educativa. Marcada por la influencia de la Institución Libre de Enseñanza. Su objetivo era crear un sistema educativo unificado, laico, público y gratuito en primaria.
Se implantó la coeducación, se prohibió la enseñanza a las órdenes religiosas y se disolvió la Compañía de Jesús. Se invirtió en la construcción de escuelas e institutos, aumentaron las becas, y crearon las Misiones Pedagógicas para divulgar la cultura en el ámbito rural. En la difusión cultural colaboraron sindicatos de profesores (FETE) y de estudiantes como la Unión Federal de Estudiantes Hispanos que organizó La Barraca.
– Reforma militar. Con el fin de modernizar el Ejército, se redujo el número. Se derogó la Ley de Jurisdicciones, y se suprimieron los tribunales de honor, el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y la Academia Militar de Zaragoza. Se creó una fuerza leal, la Guardia de Asalto.

– Reforma laboral. Dirigida por Largo Caballero, con leyes como Ley de Contratos de Trabajo, Ley de Jurados Mixtos y Ley de Términos Municipales. Apoyada por la UGT, la CNT prefirió la acción y presión al Gobierno.
– Cuestión autonómica. El 9 de septiembre de 1932 se aprobó el Estatuto de Cataluña con Maciá como presidente; el vasco, aprobado en noviembre de 1933, fue bloqueado por los gobiernos de centro-derecha.
Azaña se enfrentó, a la derecha antiliberal que protagonizó el fallido golpe de Estado liderado por Sanjurjo (Sanjurjada-agosto 1932); y a la ofensiva sindical de la CNT con sucesos como los de Casas Viejas (Cádiz).
La derecha católica se organizó en torno a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas-1933), liderada por Gil Robles; los ultra monárquicos fundan Renovación Española, liderada por Calvo Sotelo; José Antonio Primo de Rivera Falange Española, y el carlismo Comunión Tradicionalista.
La crisis del Gobierno de Azaña quedó patente al perder las elecciones municipales (abril-1933). Las dimisiones en la coalición llevaron a la destitución de Azaña por Lerroux, y convocar elecciones (noviembre-1933). La victoria de la CEDA y el Partido Radical de Lerroux, dio inicio al Bienio radical-cedista (1933-1936).

14-4 LA SEGUNDA REPÚBLICA: EL BIENIO RADICAL-CEDISTA. LA REVOLUCIÓN DE 1934. LAS ELECCIONES DE 1936 Y EL FRENTE POPULAR

La II República (1931-1936) proclamada el 14-abril-1931, pasó por un periodo reformista (1931-1933) que llegó a su fin con las elecciones de noviembre-1933, en las que triunfaron la CEDA y el Partido Radical de Lerroux.
Se inicia el Bienio radical-cedista (1933-1936), Alcalá-Zamora llamó a Lerroux a formar gobierno, apoyado por la CEDA. Aplicaron un programa de rectificación legislativa del bienio anterior: paralizaron la reforma agraria y la militar, y pusieron en destinos claves a militares antiazañistas (Goded, Mola, Franco…); amnistiaron a los golpistas de la Sanjurjada, redujeron el presupuesto de educación y devolvieron la enseñanza a la Iglesia; y bloquearon los Estatutos de autonomía, paralizando el vasco y en tensión con la Generalitat.
Durante 1934 el país se polarizó entre las derechas y las izquierdas. En la derecha estaba la CEDA de Gil Robles, los monárquicos de Renovación Española, la derecha republicana y los radicales.
La izquierda republicana se reconstruye tras el fracaso electoral, en torno a Azaña surge Izquierda Republicana, Martínez Barrio funda Unión Republicana. Pero el movimiento obrero se radicalizó, al PSOE se le unió UGT preparando una revolución en caso de que la CEDA llegase al gobierno; el PCE comenzó a colaborar con los socialistas, sumándose los nacionalistas de Esquerra; la CNT quedó al margen.
La revolución de octubre de 1934 fue el momento más crítico de la Segunda República. El programa de rectificación, enfrentamientos callejeros, violencia verbal en la prensa y las Cortes, tensión entre patronos y trabajadores y la huelga general de campesinos (junio), crearon una situación explosiva.
La CEDA presionaba para entrar en el gobierno, y esa posibilidad desde la izquierda se veía como el triunfo del fascismo, ya que la CEDA no ocultaba su admiración por la Alemania de Hitler.
El 4 de octubre se formó un nuevo Gobierno con tres miembros de la CEDA, socialistas y ugetistas lo consideraron una agresión a la República y cursaron orden de huelga general revolucionaria, adquiriendo carácter de insurrección popular en Asturias, Cataluña y País Vasco. Lluís Companys proclamó el Estado catalán dentro de la República federal española, el ejército logró la rendición de la Generalitat y el Gobierno suspendió el Estatuto. En 12 días acabaron con la insurrección salvo en Asturias, el Gobierno recurrió a legionarios dirigidos por Franco, que sofocaron la insurrección con más de mil muertos en los combates y represaliados posteriores por toda España.

La segunda etapa del Bienio (1934-1936), estuvo marcado por los sucesos de octubre-1934. El débil Gobierno estuvo en crisis permanente. La CEDA se fue debilitando, y a su derecha surgió la coalición antirrepublicana del Bloque Nacional de Calvo Sotelo. La crisis definitiva llegó en octubre-1935 con el escándalo del straperlo y asunto Nombela, Lerroux dimitió sustituido por Portela Valladares, convocando elecciones para febrero-1936.
En enero de 1936 se firmó el pacto de constitución del Frente Popular, integraba a republicanos, socialistas, nacionalistas, comunistas y el POUM. Su programa incluía: amnistía para los insurrectos de 1934, deponer a los despedidos por causas políticas, reforma del Tribunal de Garantías Constitucionales, continuación de la reforma agraria, educativa y social, y sujeción del Banco de España al interés público.
El Frente Popular consiguió la mayoría absoluta en las elecciones de febrero de 1936, y puso en marcha el programa anunciado: decretó una amplia amnistía; se restableció el Estatuto y el Parlamento catalán, e iniciaron los de Euskadi y Galicia; se reanudó la reforma agraria. Azaña envió a los generales más sospechosos a puestos alejados de Madrid. Las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente, sustituido por Azaña, y como jefe de Gobierno Casares Quiroga.
Surgieron diferencias internas, los socialistas no participaron en el Gobierno, CNT y UGT se lanzaron a una ofensiva (ocupación de tierras); y la derecha conspiraba contra el Gobierno, Mola, apoyado por el carlismo en Navarra, se erigió en director de la conspiración. El deterioro del orden público crecía, se incrementó el terrorismo, las huelgas aumentaban y los parlamentarios se amenazaban.
El golpe militar se precipitó a raíz del asesinato el 12 de julio del guardia de asalto José Castillo, en respuesta de madrugada fue asesinado Calvo Sotelo.
El doble crimen sirvió como argumento para justificar la sublevación militar, el 17 de julio de 1936 la guarnición de Melilla se sublevó y declaró el estado de guerra.

14-5 LA GUERRA CIVIL: LA SUBLEVACIÓN MILITAR Y EL ESTALLIDO DE LA GUERRA. EL DESARROLLO DE LA GUERRA: ETAPAS Y EVOLUCIÓN DE LAS DOS ZONAS.

La conspiración militar se inició como consecuencia de la victoria del Frente Popular. Ya se habían producido otros intentos, Sanjurjada 1932 y movimientos de generales entre diciembre 1935 y febrero 1936 (Franco, Goded…)
El golpe de Estado de julio de 1936 fue organizado, planeado y liderado por militares descontentos. El estratega y jefe fue Mola, pretendía instaurar un modelo de Gobierno como el de la dictadura de Primo de Rivera, Sanjurjo debería dirigir el planeado Directorio Militar que se debía crear tras el golpe, y Franco se incorporó al final. Los sublevados preveían un golpe breve, y el Gobierno confió en exceso en sus posibilidades.
La sublevación comenzó el 17 de julio de 1936 en Marruecos, dirigida por Yagüe. Franco se trasladó de Canarias a Marruecos poniéndose al frente. Entre el 18 y 19 se suman: Sevilla y Cádiz. Aparte de las islas quedaron sublevadas dos zonas: por un lado ambas costas frente al estrecho y por otro Galicia, Castilla- León, Navarra y las tres capitales de Aragón. La zona republicana quedó dividida en dos: cornisa cantábrica y País Vasco (excepto Álava), y por otro lado Madrid, Cataluña, Valencia, Castilla – La Mancha, Málaga, y Murcia.
El bando republicano lo formaban milicias de partidos y sindicatos de izquierda, el Quinto Regimiento; guardias de asalto, gran parte de la guardia civil, de la marina y aviación, y las Brigadas Internacionales.
Los sublevados contaban con milicias falangistas y carlistas o requetés, un ejército disciplinado con una estricta dirección, y combatientes marroquíes, irlandeses, portugueses, italianos y la Legión Cóndor alemana.

La guerra se desarrolló en cuatro fases:

• Primera fase: Guerra de columnas y lucha por Madrid (julio 1936-marzo 1937). Con columnas militares de ambos bandos, del ejército regular con los sublevados y de milicianos con los republicanos. Madrid fue el principal objetivo sublevado, pero las columnas de Mola fueron frenadas al Norte del Sistema Central por milicianos; Franco y Yagüe plantearon la entrada desde el Sur, apoyados por Hitler y Mussolini cruzan el estrecho y avanzan por Extremadura. Toman Badajoz, Talavera y Toledo, liberando el Alcázar.

En el Norte toman Irún, cortando el acceso republicano a Francia, y en septiembre San Sebastián se rindió.
En noviembre intentan un ataque frontal a Madrid. El Gobierno se traslada a Valencia, y la resistencia fue dirigida por una Junta de Defensa (Miaja, Rojo), recibiendo armamento soviético y la ayuda de las Brigadas Internacionales. El rechazo republicano, llevó a Franco a realizar dos maniobras envolventes sobre Madrid, la batalla del Jarama y de Guadalajara con sendos fracasos; aunque se hicieron con Málaga.

• Segunda Fase: Campaña norte (abril 1937-noviembre 1937)
La derrota en Madrid obligó a Franco a cambiar de estrategia; atacando el norte. Caen Vizcaya, Bilbao, Santander y Asturias. Teniendo lugar el Bombardeo de Guernica (26 abril) por la Legión Cóndor alemana.
El ejército republicano emprendió ofensivas para frenar el avance franquista desde el Norte, sin resultados decisivos, a pesar de las victorias en las batallas de Brunete (julio 1937) y de Belchite (agosto 1937).
La caída del frente norte reforzó a los rebeldes, que se hicieron con abundantes recursos mineros e industriales, y reforzó su posición internacional al ser reconocido por gobiernos de distintos países.

• Tercera fase: De la ofensiva de Teruel a la Batalla del Ebro (diciembre 1937-noviembre 1938)
Se inicia con el breve éxito republicano, la batalla de Teruel. Franco desplaza la guerra al frente aragonés para alcanzar el Mediterráneo y dividir la zona republicana, llegan a Vinaroz y ocupan Castellón.
Los republicanos lanzan una ofensiva, las tropas populares cruzan el Ebro, comenzando la batalla del Ebro la más larga (julio-noviembre 1938) y sangrienta (100 000 muertos), que destrozó a las tropas republicanas.

• Cuarta fase: Toma de Cataluña – Fin de la Guerra (diciembre 1938-abril 1939)
Entre diciembre y enero se desarrolló la campaña para conquistar Cataluña, en febrero cayó Barcelona. Negrín pretendió alargar la guerra esperando que el estallido de la guerra mundial trajera el apoyo aliado; pero anarquistas y socialistas moderados (Besteiro) pretendían un final negociado, provocando la sublevación del coronel Casado contra el Gobierno. El triunfo de los Casadistas, llevó al Consejo Nacional de Defensa a iniciar negociaciones de paz, rechazadas por Franco e imponiendo la rendición incondicional.
El 28 marzo las tropas franquistas entraban en Madrid. El 1 abril de 1939 la guerra había acabado .

14.6 LA GUERRA CIVIL. LA DIMENSIÓN POLÍTICA E INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA.

La guerra civil (1936-1939) se inició con la sublevación del general Yagüe en Melilla el 17 de julio, al que se unieron Goded y Franco, poniéndose este último al frente del Ejército en Marruecos. Desde el 20 de julio el país quedó dividido en dos zonas enfrentadas: zona sublevada o franquista y zona republicana.
La evolución política en el bando republicano se inició con la dimisión del gobierno de Casares Quiroga, siguieron los de Martínez Barrio y José Giral. En septiembre 1936 es nombrado Largo Caballero, se aprobó el Estatuto de Autonomía de Euskadi, y en noviembre el Gobierno se traslada a Valencia. Se nacionalizaron industrias (CAMPSA) y las compañías ferroviarias, se controlaron bancos, y se colectivizaron empresas.
En mayo 1937 Negrín formó un nuevo Gobierno, que trasladó a Barcelona. A pesar de la caída del frente Norte y las derrotas de 1938, Negrín pide resistir provocando conflictos internos que desembocaron en el golpe de Estado liderado por Casado y Besteiro (marzo 1939). La caída de Barcelona y Madrid provocó el hundimiento republicano.
La evolución política en el bando franquista, estuvo marcada por la muerte de Sanjurjo, y liderazgo de Franco. Se crea la Junta de Defensa Nacional (Burgos). Franco es nombrado Generalísimo y Jefe del Estado español. Se disuelve la Junta de Defensa Nacional, y Franco crea la Junta Técnica del Estado. Recibe el apoyo de la Iglesia, se convierte en Caudillo. En abril de 1937 decretó la unión de falangistas y carlistas en FET de las JONS.
EL 30 de enero de 1938, se formó el primer Gobierno, en el que Franco era el presidente y Jefe del Estado, es decir asumía el poder del Ejército, el partido, el Gobierno y la Administración. Elaboraron una legislación reaccionaria: Fuero del Trabajo, magistraturas de trabajo y sindicatos verticales; restableció la pena de muerte y en febrero de 1939 se promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas.
A nivel internacional, la Guerra Civil Española (1936-1939), obligó a las grandes potencias a adoptar posiciones individuales y colectivas, ya que se convirtió en un conflicto de trascendencia internacional. La Sociedad de Naciones constituyó un Comité Internacional de No Intervención, aunque resultó ineficaz.
La ayuda que recibió el ejército franquista vino de: Alemania con la Legión Cóndor, Italia con aviones y el Cuerpo de Tropas Voluntarias. Alemania e Italia prestaron ayuda por la necesidad de realizar una puesta a punto cara a la guerra mundial que se avecinaba, porque simpatizaban ideológicamente con los sublevados, y por la posibilidad de ejercer influencia sobre un nuevo aliado. En menor medida recibió apoyo de Portugal (Legión Viriato), y de Irlanda (Legión de San Patricio). El Estado Vaticano reconoció el régimen en 1937.
El Gobierno republicano contó con el apoyo de las Brigadas Internacionales, 50.000 combatientes que provenían de hasta 70 países; el de la URSS con la entrega de armamento, que la II República pagó con el oro del Banco de España (oro de Moscú); la pequeña ayuda de México con municiones y acogiendo a exiliados.
Los gobiernos conservadores de Gran Bretaña, se abstuvieron de apoyar a la II República, promoviendo una política de apaciguamiento hacia los fascismos, para evitar un conflicto europeo.
Francia alentó la adhesión al Gobierno republicano, pero sin pronunciamiento oficial para no levantar las iras británicas y el miedo a provocar a Alemania; limitándose a cerrar las fronteras para que no entrase armamento.
Las razones que dio Estados Unidos para mantenerse neutral, fueron no alentar el “comunismo europeo”.
Intelectuales y artistas se involucraron y acudieron a España, como Hemingway, G. Bernanos y Robert Capa.

La Guerra Civil tuvo un balance trágico para España, con una serie de consecuencias:
– Demográficas. Hubo unos 500.000 muertos, 50.000 ejecutados al acabar la guerra, y unos 500.000 exiliados Se produjo un retroceso en la población urbana, debido al desmantelamiento de la industria y servicios.
– Culturales. El exilio de escritores, científicos, profesionales… fue demoledor para la cultura española.
– Económicas. La ganadería se redujo un 60%, la producción agrícola bajó un 25%, la inflación multiplicó por diez los precios, la producción industrial no se recuperó hasta 1950. España no pudo beneficiarse del Plan Marshall.
– Política interior. Se estableció una dictadura militar. La Ley de Responsabilidades Políticas (1939), envió a cárceles y campos de concentración a combatientes republicanos que no se exiliaron.
– Política exterior. El compromiso con los regímenes fascistas hasta 1942 y la condena de la ONU (1946) al régimen recrudeció el aislamiento, hasta los acuerdos con Estados Unidos (1953) y la entrada en la ONU (1955).
– Morales. Por lo sufrido en la guerra, represión posterior, y clima de revancha y de persecución.

TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y CAMBIOS SOCIALES EN EL SIGLO XIX

13. TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y CAMBIOS SOCIALES EN EL SIGLO XIX.

13.1 TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS. PROCESOS DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. MODERNIZACIÓN DE LA INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.

La economía española del siglo XIX se caracterizó por un crecimiento lento y un atraso respecto a países europeos. Hasta 1840, la economía estuvo estancada; pero a partir de ese año comenzó una recuperación que llevó a un lento crecimiento en el último tercio del siglo.
Las transformaciones agrícolas fueron lentas. España era un país agrícola. Hasta mediados de los años treinta la producción estaba estancada, tenía una propiedad vinculada (explotación por arrendamientos) y supremacía de la ganadería. A partir de aquí se produjo una transformación al modificarse el régimen de la propiedad de la tierra, introducirse innovaciones técnicas, de cultivo y de gestión organizativa.
El régimen de propiedad de la tierra fue modificado por las desamortizaciones eclesiásticas y civiles, que se realizaron desde final del siglo XVIII (Godoy, Cortes de Cádiz, Trienio Liberal) y sobre todo con Mendizábal (1836-1837) y Madoz (1855). La de Mendizábal de bienes eclesiástico, para sanear la Hacienda y financiar el Ejército, pretendía aumentar el número de propietarios, la producción y la riqueza; y la de Madoz de bienes municipales, del Estado y eclesiásticos. Las consecuencias de las desamortizaciones fueron: incremento del número de terratenientes y puesta en cultivo de numerosas tierras abandonadas; y los grandes perdedores fueron: la Iglesia, los municipios y los campesinos, apareciendo un numeroso campesinado sin tierra (proletariado rural). La estructura de la propiedad no varió, siguió el latifundismo en el centro y sur, y el minifundismo en el norte y noreste.
Otras medidas que contribuyeron al cambio fueron la supresión definitiva de la Mesta (1836) y la abolición de los señoríos y del diezmo (1837).
En el último cuarto del siglo XIX la agricultura entró en crisis debidos al bajo rendimiento, escasa tecnología y al abaratarse las importaciones por la extensión del ferrocarril.
La industrialización española fue tardía e incompleta, hasta mediados del XIX era artesanal y local. El despegue comenzó en la Década moderada, en los cincuenta tuvo un periodo de crisis (desamotizaciones y subida del algodón) y en el último cuarto inició la recuperación hasta 1898.
Hacia 1839 la industria textil catalana era el único sector que había iniciado la industrialización, gracias al proteccionismo e innovaciones tecnológicas (maquinas de hilar, telares mecánicos a vapor y después selfactinas). La Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1822) le favoreció; el 98 la frenó hasta 1906.
La industria siderúrgica inició su desarrollo en Málaga (1830-1850), a mediados de siglo se desarrolló en Asturias (La Felguera;) en 1880 se desplazó a Vizcaya (capital mixto y sistema Bessemer), donde aparecieron dos empresas: Altos Hornos de Vizcaya y de Bilbao (fusionadas en 1902), teniendo la primacía del acero.
Otras industrias: agroalimentaria, química, papelera y minera. Esta última se impulsó a través de la Ley de Minas (1868) liberalizando el sector, desde 1870 creció enormemente: La Carolina, Riotinto, Almadén…
Se desarrollaron nuevas fuentes de energía (petróleo y electricidad), aunque con escasos efectos sobre la economía española por ser explotados por sociedades extranjeras y exportadas.
Era necesaria la modernización de los transportes y comunicaciones para impulsar la economía. Hasta finales del XVIII el transporte era caro y lento. Durante el Bienio progresista (1854-1856) se impulsó el ferrocarril (Ley General de Ferrocarriles-1855), posibilitando la entrada de capital extranjero (francés), desgravando la importación de materiales y dando subvenciones. La crisis financiera internacional paralizó el avance, reanudado en 1876, dándose por concluida la construcción del tendido ferroviario durante la Gran Guerra.
Como efectos negativos se pueden señalar el diferente ancho de vía y el estar centrado en Madrid.
Otros avances en el sector: extensión de la navegación a vapor y modernización de correos y telégrafos.
El sector financiero jugó un papel fundamental en la industrialización y en la economía en general. Con Fernando VII se creó el Banco de S. Fernando (1829) y la Bolsa de Madrid (1831). La Ley de Bancos y Sociedades de Crédito (1856) inició la modernización del sistema bancario; nace el Banco de España (1856) y otras entidades como el Banco de Santander (1857), Banco de Bilbao (1857) y Banco Hipotecario (1872).

13.2 TRANSFORMACIONES SOCIALES. CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES. GÉNESIS Y DESARROLLO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.

El siglo XIX experimentó importantes transformaciones sociales, en la transición del Antiguo Régimen a la Edad Contemporánea.
La población, durante el siglo XIX, experimentó un crecimiento estable, frente al estancamiento de siglos anteriores. La población del XIX se caracterizó por:
– Crecimiento moderado (11 mll. en 1800 y 18 mll. en 1900), lento comparado con países del entorno.
– Las causas del escaso crecimiento, estaba en la persistencia de un régimen demográfico antiguo: hambres, epidemias, guerras; es decir crecimiento vegetativo bajo y alta tasa de mortalidad.
– Movimientos migratorios, dentro de la Península y a ultramar (Argentina, Cuba).
– Crecimiento de las ciudades, éxodo rural, principalmente hacia Barcelona, Madrid, País Vasco y costa peninsular es decir zonas industriales. Aunque la población era predominantemente rural.

Se produjo el paso de una sociedad estamental a una de clases. Con la configuración del Estado liberal, los estamentos desaparecieron al imponerse la igualdad jurídica, poniendo fin a los privilegios. Todos pagaban impuestos, eran juzgados por las mismas leyes, y gozaban teóricamente de los mismos derechos políticos. Así la población constituía una sola categoría jurídica, la de ciudadanos. Los ciudadanos quedaron definidos por la pertenencia a una clase social, siendo grupos abiertos y no cerrados como en el Antiguo Régimen.
La nobleza, disminuyó y perdió su influencia al perder sus privilegios, pero se adaptó a las circunstancias. Siguió presente en los altos cargos de la Administración, del Ejército y en política (Senado), y mejoró su situación económica (alta nobleza). Aprovecharon su nombre para entrar en consejos de administración, y aliarse con la burguesía financiera (matrimonios).
El clero cambió con la revolución liberal; perdió su principal fuente de ingresos, el diezmo, y el monopolio de la enseñanza. La Iglesia perdió parte de sus bienes con las desamortizaciones, y las órdenes religiosas disminuyeron; se mostró enemiga del liberalismo, contraria a la tolerancia religiosa y separación Iglesia-Estado.
La gran protagonista fue la burguesía, la sustitución de privilegios permitió legalmente la movilidad social, y las desamortizaciones la posibilidad de conseguir bienes. El progreso económico, favoreció la aparición de una burguesía de negocios: banqueros, comerciantes, propietarios de tierras y de inmuebles urbanos, grandes profesionales y altos cargos del Estado. Fuera de las grandes urbes, se desarrolló una burguesía más modesta.
Las clases medias constituían entre el 5% y 10% de la sociedad, eran propietarios de tierras, comerciantes, profesionales liberales y empleados públicos. Constituyeron un grupo influyente en el país.
A final del XIX, el sector primario era la mitad del PIB y 70% de la población activa. Con diferencias: minoría de grandes propietarios, y mayoría de pequeños y medianos propietarios, arrendatarios, aparceros y jornaleros.
La revolución industrial aportó una nueva clase social, el proletariado industrial.
En el XIX se desarrolló el movimiento obrero, favorecido por las malas condiciones laborales (largas jornadas), de vida (hacinamiento), económicas (salarios bajos), y falta de protección social.
Se inicia con Las Sociedades de Ayuda Mutua en los treinta, prohibidas en 1844 por los moderados. En el Bienio progresista se desarrolló, pero la Ley del Trabajo les decepcionó. Durante el Sexenio democrático (1868-1874), llega el anarquista Fanelli miembro de la AIT, estableciendo dos secciones (Madrid y Barcelona); y en 1871 llega el marxista Lafargue. Con la I República el movimiento obrero estuvo presente en la revolución cantonal.
Con la Restauración, pasó a la clandestinidad; escindidos en dos corrientes, socialistas y anarquistas. Esta última se organizó con la fundación de la Federación de Trabajadores de la Región Española (1881); las divisiones internas y la represión les llevaron a un activismo sindical y reivindicativo, con una minoría radical (Mano Negra). Los socialistas refugiados en torno a la Asociación del Arte de Imprimir presidida por Pablo Iglesias (1874), que fundó en 1879 el PSOE y en 1888 la UGT (sindicato socialista).
Una tercera vía fue el sindicalismo católico (Círculos de Obreros Católicos). Hasta 1900 gran parte de las acciones sindicales estaban penalizadas como delito y fueron duramente reprimidas .

13.3 TRANSFORMACIONES CULTURALES. CAMBIOS EN LAS MENTALIDADES. LA EDUCACIÓN Y LA PRENSA.

En el siglo XIX España vivió un periodo de transformaciones culturales, paralelas a los cambios políticos.
Durante la crisis del Antiguo Régimen (1789-1833) la cultura fue reflejo de las convulsiones políticas y luchas sociales; así el avance que supuso la Constitución de 1812 en educación y cultura, se frenó durante el reinado de Fernando VII (salvo el Trienio).
Durante la revolución liberal-burguesa, tuvieron lugar las transformaciones culturales más transcendentes: secularización de la cultura, alfabetización, mecenazgo de la burguesía e implantación de un sistema educativo estatal. La España isabelina coincidió con el Romanticismo (Becquer, José Madrazo, etc.) que alentó a movimientos culturales de carácter nacional (Renaixença) y al nacimiento de instituciones culturales: Ateneo de Madrid, Liceo Artístico y Literario y Museos Provinciales de Bellas Artes.
En la Restauración, la cultura estará marcada por el clasicismo y rechazo a la ciencia; destacan dos corrientes: el Realismo (Clarín, Juan Valera, Rusiñol y Fortuny), y el Modernismo (Gaudí).
El Desastre del 98 marcará las generaciones futuras, en cultura se desarrollará la generación del 98 (Unamuno, Baroja, etc.) muy crítica con los problemas del país.
El cambio de mentalidad vino marcado por la industrialización, desarrollándose una dualidad entre burguesía y proletariado; la primera receptora de nuevas corrientes culturales y filosóficas (positivismo de Comte), y el mundo obrero sensibilizado con modificar las relaciones sociales y militancia en nuevos partidos.
Las tertulias fueron el espacio de producción cultural (Café Parnasillo), junto al Ateneo, Círculo Filosófico y Academia de ciencias Morales y Políticas. Desde 1848 surgen múltiples asociaciones culturales.
En el último tercio del XIX la cultura reflejó las nuevas ideologías: republicanismo, bakunismo y marxismo; y con el 98, el regeneracionismo (Joaquín Costa) plantea una reforma de las estructuras económicas y sociales.
El cambio en la mentalidad afectó a la situación de la mujer, que durante el XIX y parte del XX sufrió importantes desventajas legales; iniciaron la defensa de la igualdad mujeres como Concepción Arenal.
La educación, fue una preocupación desde principios del siglo XIX. La reforma del sistema educativo del Antiguo Régimen se inició en las Cortes de Cádiz, con el proyecto de Decreto sobre el arreglo general de la Enseñanza Pública (1814). Durante el Trienio se retomó la reforma con el Reglamento de Instrucción Pública (1821), no aplicado por la crisis. En 1832 se creaba el Ministerio de Fomento, encargado de la Educación.
Durante el reinado de Isabel II se promulgó la Ley de Instrucción Pública o Ley Moyano (1857), que dividía la enseñanza en tres niveles: primaria, secundaria y universitaria; el sistema educativo era dual: público y privado; con la Ley Moyano el Estado se centró en la enseñanza universitaria, y los ayuntamientos e instituciones religiosas de la primaria y secundaria.
El analfabetismo se redujo del 50% en 1800 al 36% en 1900, con un instituto en cada capital. El sistema universitario era uniforme y centralista, marcado por la falta de libertad de cátedra, que aunque conseguida durante el Sexenio la Restauración la anuló; y la polémica ideológica entre Krausistas y católicos, llevó a la expulsión de sus cátedras a Castelar, Salmerón, Montero Ríos y Azcárate.
En la Restauración surgieron alternativas educativas al margen del Estado:
– Giner de los Ríos fundó, junto a algunos de estos catedráticos, la Institución Libre de Enseñanza (1876); un centro privado, laico y alternativo, que fomentaba la enseñanza científica, el antidogmatismo y la actitud crítica; la Institución, heredera de los postulados del Krausismo rechazaba cualquier filiación política o religiosa.
– Las Escuelas del Ave María de Granada, fundadas en 1880 por el padre Manjón, atendían a niños marginados y población gitana, con metodología similar al ILE.
– La Escuela Moderna, fundada por Ferrer i Guardia (Barcelona-1899) de orientación anarquista.
La prensa fue una de las novedades más importantes del siglo, nació con la libertad de prensa decretada por las Cortes de Cádiz en 1810. El espíritu de libertad del Trienio liberal facilitó la proliferación de periódicos (El Zurriago). Tras el retroceso de la Década absolutista, las medidas liberalizadoras de 1834 y 1868 impulsaron el sector, con revistas ilustradas (Semanario Pintoresco Español) y prensa de opinión (Correspondencia de España). Con la Restauración, surgen empresas periodísticas y toma auge la prensa política; con la Ley de Prensa (1883), aparecen periódicos como: El Imparcial, El Heraldo de Madrid y La Vanguardia.

LA CONSTRUCCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL

12 – LA CONSTRUCCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL.

12-1 EL REINADO DE ISABEL II. LA OPOSICIÓN AL LIBERALISMO: CARLISMO Y GUERRA CIVIL. LA CUESTIÓN FORAL.

El establecimiento del régimen liberal en España, durante la minoría de edad de Isabel II (1833-1843), comenzó con el estallido de la Primera Guerra Carlista (1833-1840) entre las fuerzas gubernamentales y los partidarios del absolutismo, dirigidos por Carlos María Isidro. La guerra civil tuvo lugar durante la primera regencia de la minoría de edad de la reina. Las causas del conflicto fueron:
– La cuestión sucesoria en torno a la legitimidad de Isabel para ocupar el trono y de su madre para ejercer la regencia. Al trono llegó porque en 1830 Fernando VII en previsión del nacimiento de una hija, promulgó la Pragmática Sanción anulando la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres. Carlos María Isidro hermano de Fernando VII y hasta entonces su sucesor, no aceptó la medida, protagonizando sin éxito los “Sucesos de la Granja”- 1832. El 29-septiembre-1833 fallece el rey y dos días después, Don Carlos reivindicó desde Portugal sus derechos dinásticos (Manifiesto de Abrantes), siendo proclamado rey (Carlos V) en diversas ciudades.
– El enfrentamiento ideológico. Los carlistas eran enemigos del liberalismo y de lo que implicaba (libertad política, económica y social, uniformidad territorial y laicismo). Defendían el tradicionalismo, el Antiguo Régimen y la monarquía de origen divino (“Dios, Patria y Rey”). Reivindicaban el mantenimiento de los fueros (usos y costumbres por los que se regían el País Vasco y Navarra frente a la política centralizadora liberal) para conservar las instituciones de gobierno autónomas, sus sistemas judiciales, exención fiscal y quintas.
Enfrente, el liberalismo defendía la política centralizadora, soberanía nacional y división de poderes.
Desde el punto de vista social, en el carlismo militaban parte de la nobleza y miembros conservadores de la administración y del ejército, bajo clero y campesinado católico. En el bando isabelino, sectores reformistas del absolutismo, liberales, gran parte del ejército, funcionarios, alta jerarquías eclesiásticas, burgueses, intelectuales y profesionales. En el ámbito internacional, Francia, Portugal y Reino Unido firmaron la Cuádruple Alianza con el régimen isabelino. Austria, Prusia, Rusia, Nápoles y los Estados Pontificios apoyaron a Carlos Mª Isidro.
Primera Guerra Carlista (1833-1840) estalló el 1 de octubre con el Manifiesto de Abrantes. La guerra tuvo lugar con la Regencia de Mª Cristina y se desarrolló en tres fases:
– 1ª Fase: Avance carlista (1833-1835). Los carlistas intentaron una insurrección general del país, al no lograrlo se inicia la guerra civil. El ejército isabelino reprimió los núcleos carlistas excepto en el País Vasco y Navarra, allí Zumalacárregui creó un ejército partiendo de guerrilleros. Los carlistas obtuvieron victorias como la del valle de los Amézcoas, y fracasos como el asedio a Bilbao (1835) que acabó con la muerte del general Zumalacárregui.
– 2ª Fase: Repliegue carlista (1835-1837). Organizan expediciones fuera del País Vasco y Navarra: la Expedición Gómez y la Expedición Real que concluyeron sin respaldos. Los carlistas fueron derrotados en Luchana (1836) por Espartero, poniendo fin al segundo sitio de Bilbao y replegándose más allá del Ebro.
– 3ª Fase: Triunfo isabelino (1837-1839). Espartero liberó gran parte de los territorios ocupados por los carlistas. Se produjo una división del carlismo: apostólicos o intransigentes y marotistas o moderados. La firma del Convenio de Vergara (Guipúzcoa – diciembre 1839), entre el general Maroto y Espartero (abrazo de Vergara), puso fin a la guerra; acordándose admitir a los militares carlistas en el ejército isabelino, respetando su graduación y el mantenimiento de los fueros, aunque los gobiernos liberales no lo respetarían totalmente. El general Cabrera, resistió hasta la toma de Morella por Espartero (mayo 1840).

El carlismo se mantuvo activo a lo largo del siglo, reivindicando los fueros y provocando otros dos conflictos más:
Segunda Guerra Carlista. (1846-1849). Se desarrolló en Cataluña, tuvo como pretexto el fracaso de la planeada boda entre Isabel II y Carlos VI. Finalizada hubo focos carlistas hasta 1860. El carlismo se revitalizó en 1868.
Tercera Guerra Carlista. (1872-1876). Durante el Sexenio Democrático en Cataluña, Navarra y País Vasco; llegándose a establecer un gobierno en Estella. La Restauración trajo el declive carlista, ya que la derecha monárquica apoyó a Alfonso XII. Martínez Campos derrotó a los carlistas y Carlos VII se marchó a Francia.
La Ley de 1876, abolió aspectos de los fueros vasco-navarros, aumentó la intervención del Estado, estableció el servicio militar obligatorio y la contribución a la Hacienda estatal. Durante la Restauración, el carlismo no abandonó su confianza en la implantación de la rama legítima de los Borbones y plena reintegración foral.

12-2 ISABEL II (1833-1843): LAS REGENCIAS.

El reinado de Isabel II (1833-1868) se divide en dos etapas: la primera (1833-1843) coincidió con la minoría de edad de la reina, siendo necesaria una regencia primero de su madre María Cristina (1833-1840) y después de Espartero (1840-1843). La segunda (1843-1868) correspondió al reinado efectivo, con la mayoría de edad.
Durante las regencias, los gobiernos liberales realizaron la desmantelación total del Antiguo Régimen de manera gradual: una fase moderada, siguió la revolución liberal y finalmente un Gobierno liberal autoritario.
Entre 1833 y 1840 se desarrolla la regencia de María Cristina. Se inicia una etapa moderada (1833-1835), transición entre el Estado absolutista de Fernando VII y el liberal de Isabel II. Los primeros gobiernos protagonizados por monárquicos reformistas como Cea Bermúdez (1832-1834), aprobó reformas como la liberalización del comercio, industria y transportes, libertad de imprenta limitada y división territorial en provincias.
En enero de 1834 la regente aunque no era liberal, el estallido de la guerra y la necesidad de apoyos, la obligaron a llamar a Martínez de la Rosa, liberal moderado antes jefe de Gobierno en el Trienio liberal. Éste inició una apertura, amplió la amnistía a los liberales exiliados, restableció la Milicia Nacional.
Se elaboró el Estatuto Real (1834), Carta otorgada, que no reconocía la soberanía nacional, ni la división de poderes, dejando la iniciativa legislativa en manos del Rey, sin reconocimiento de derechos individuales. No satisfizo ni a los liberales más moderados y rechazada por los carlistas.
La etapa de transición fracasó al intentar reconciliar absolutismo y liberalismo. La falta de fondos, los errores tácticos en la guerra e incursiones carlistas, provocarían en 1835 una insurrección reclamando un Gobierno progresista.
Es cuando se inició realmente la revolución liberal (1835-1840), con el nuevo jefe de Gobierno Juan Álvarez Mendizábal. Adoptó medidas encaminadas a desmantelar el sistema legal del Antiguo Régimen, entre ellas la libertad de imprenta, a Ley de supresión de conventos y el decreto de desamortización de los bienes del clero regular. Su política se enfrentó a los moderados y María Cristina, dimitiendo en mayo de 1836.
El intento de la regente de acabar con las reformas y volver al moderantismo, desencadenó el pronunciamiento militar de los sargentos de la Granja, que obligó a entregar el Gobierno a los progresistas y restablecer la Constitución de 1812.
El nuevo Gobierno de José María Calatrava, continuó la demolición del absolutismo. Eliminó definitivamente el régimen señorial y el mayorazgo, suprimió el diezmo, restableció la Ley Municipal del Trienio que permitía la elección popular de los alcaldes, y puso al frente de la dirección de la guerra al general Espartero.
Las nuevas Cortes elaboraron la Constitución de 1837, intento de contentar a moderados y progresistas. Proclamaba la Soberanía Nacional (en la práctica compartida Rey-Cortes); división de poderes, Cortes bicamerales, Congreso elegido por sufragio censitario y Senado de designación real. Reconocía derechos individuales, libertad de prensa, autonomía política de los ayuntamientos, y recuperar la Milicia Nacional.
Entre 1837 y 1838 los moderados ganaban las elecciones, con un sufragio restringido y al apoyo de la regente. En 1840 el intento de modificar la Ley Municipal, provocó la oposición progresista apoyada por Espartero, reforzado tras la guerra carlista encabezando la insurrección, que forzó la dimisión de María Cristina.
Se formó un breve ministerio-regencia, presidido por Espartero, y en 1841 las Cortes lo eligieron regente. Durante la regencia de Espartero (1840-1843), éste gobernó apoyado por progresistas y otros jefes militares. Pero su política autoritaria suscitó la oposición de progresistas que antes le apoyaban, y la aparición de rivales dentro del ejército: Prim, Serrano, Narváez y O´Donnell. En 1842 estalló una insurrección en Barcelona, ante un posible tratado de libre comercio con Inglaterra, Espartero reprimió la insurrección bombardeando la ciudad.
Su mandato estuvo salpicado de revueltas de generales moderados partidarios de María Cristina (O´Donnell, Narváez…). Moderados y progresistas organizaron un pronunciamiento militar, que obligó a Espartero a dimitir en 1843. El artífice del golpe, el general Narváez, se convirtió en 1844 en jefe de Gobierno, siendo Isabel II mayor de edad.

12-3 ISABEL II (1843-1868): EL REINADO EFECTIVO

Entre 1833 y 1840 María Cristina gobernó como regente, tras su dimisión en septiembre de 1840 Espartero se convirtió en el nuevo regente, hasta agosto de 1843. En otoño, las Cortes votaron la mayoría de edad de Isabel II, iniciando a los trece años su reinado efectivo (1843-1868). Durante la mayoría de edad de Isabel II se procedió a la auténtica construcción del nuevo Estado liberal. Pueden distinguirse en estos años varias fases: una Década moderada, un Bienio progresista y por último la Unión Liberal y el retorno del moderantismo.
En la Década moderada (1844-1854), Narváez, líder de los moderados, estuvo al frente del gobierno. Estableció un sistema político estable, donde primaba el orden a la libertad, marginando a los progresistas, y contando con el apoyo del Ejército y las élites sociales. Suprimió la Milicia Nacional y creó la Guardia Civil (1844).
Se promulga la Constitución de 1845, más conservadora que la de 1837, soberanía compartida Rey-Cortes, Cortes bicamerales y sufragio censitario. Se adoptaron medidas de control de la Administración provincial y local: se crea el cargo de gobernador civil y se suprime el carácter electivo de los alcaldes, siendo elegidos por el Gobierno; y se aprueba un nuevo Código Civil y Penal. En Hacienda se aprobó la Ley Mon-Santillán, potenciándose los impuestos indirectos. Se firmó el Concordato de 1851, por el que el Papa reconocía a Isabel II como reina, y el Estado se comprometía a financiar la Iglesia y entregarle el control de la enseñanza y la censura.
Desde 1849 se incrementó el autoritarismo; se funda el Partido Demócrata, reivindicando el sufragio universal, Cortes unicamerales, libertad religiosa, instrucción primaria gratuita e intervención del Estado en las relaciones laborales. A comienzos de 1854 las Cortes se habían suspendido y el descontento aumentaba.
El Bienio progresista (1854-1856), comienza en julio de 1854 con el pronunciamiento del general O´Donnell en Vicálvaro (Vicalvarada). En su retirada hacia Andalucía, se le unió el general Serrano, y ambos proclaman el Manifiesto de Manzanares con promesas progresistas, consiguiendo que casi toda España se les uniera.
Isabel II encargó formar gobierno al progresista general Espartero, con O´Donnell como ministro de la Guerra. Durante el Bienio progresista se restauran leyes e instituciones como la Ley de Imprenta, Ley Electoral y Milicia Nacional. Se elabora la Constitución de 1856, non-nata, similar a la de 1837, soberanía nacional, Cortes bicamerales electivas, potestad legislativa Rey-Cortes, y ampliaba los derechos individuales.
En economía se aplicó la Ley desamortizadora de Madoz (1855) de bienes eclesiásticos, municipales y del Estado; Ley de Ferrocarriles (1855), Ley Bancaria (1856) creando el Banco de España. Pero la conflictividad social provocó una crisis y en julio de 1856 Espartero dimitió y la reina encargó gobierno al general O´Donnell.
De 1856 a 1868 se produjo la alternancia entre los moderados y la Unión Liberal. En 1856 O´Donnell, con su nuevo partido la Unión Liberal, intentaba establecer un liberalismo centrista (moderados de izquierda y progresistas), repuso la Constitución de 1845 con un Acta Adicional progresista.
Pero este gobierno fue breve, Narváez retornó, suprimió el Acta Adicional y se rodeó de los elementos más conservadores del moderantismo.
De nuevo la Unión Liberal (O´Donnell) estaría en el Gobierno (1858-1863). Años de expansión económica y de una activa política exterior: apoyó a Francia en Indochina, Guerra contra Marruecos, expedición a México y guerra contra Perú y Chile. En 1863, el desgaste en el gobierno y las divisiones del partido llevaron a O´Donnell a dimitir.
Volvió Narváez al Gobierno (1864-1865), con una política conservadora y de represión de las libertades, pero incapaz de responder a las demandas sociales y políticas. La expulsión de los catedráticos Sanz del Río y Emilio Castelar (noche S. Daniel 1865) puso fin al Gobierno de Narváez.
O´Donnell asumió el Gobierno (1865-1866), pero los desacuerdos con la reina condujo a Narváez a un nuevo Gobierno (1866-abril 1868). El descrédito de Isabel II y la recesión económica generaban malestar social. En junio 1866 se produjo la sublevación de los sargentos del cuartel de S. Gil (Madrid); y en agosto, progresistas, demócratas y republicanos, liderados por Prim, firman el Pacto de Ostende, querían destronar a la reina y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal.
La muerte de Narváez y O´Donnell, y el débil Gobierno de González Bravo, aisló a la reina. En septiembre de 1868 Prim y Topete inician la sublevación (“La Gloriosa”), que dirigida por Serrano provocó la caída de Isabel II y abrió la esperanza de un régimen democrático para España.

12-4 EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874): INTENTOS DEMOCRATIZADORES. LA REVOLUCIÓN, EL REINADO DE AMADEO I Y LA PRIMERA REPÚBLICA.

En los años anteriores a 1868 el malestar social y el desprestigio de Isabel II aumentaban. Tras el fracaso de la sublevación del cuartel de San Gil en 1866, Prim pactó en Ostende una alianza con el Partido Demócrata al que se unieron los republicanos, para promover el cambio de régimen y convocar Cortes Constituyentes.
La revolución de septiembre de 1868 se inició cuando el almirante Topete junto a Prim y Serrano, se sublevaron en Cádiz. Los sublevados en su manifiesto “España con honra” proclamaban la expulsión de la reina y el establecimiento de un Gobierno provisional constitucional que asegurara el orden y la regeneración política del país. Se formaron Juntas Revolucionarias en muchos puntos del país.
El ejército leal a la reina fue derrotado en Alcolea (Córdoba), Isabel II se encontró sin apoyos y se exilió a Francia.
Se formó un Gobierno provisional presidido por Serrano, formado por unionistas (Topete) y progresistas (Serrano, Sagasta, Figuerola, Zorrilla); tomaron medidas inmediatas como: disolución de las juntas locales revolucionarias, expulsión de los jesuitas, derogación del fuero eclesiástico y convocaron elecciones a Cortes constituyentes que dieron la mayoría a la coalición gubernamental.
Las Cortes redactan la Constitución de 1869, establecía la soberanía nacional, división de poderes: legislativo en las cámaras, ejecutivo en el rey a través de los ministros, y judicial a los jueces; consagraba derechos básicos (reunión, asociación y expresión), y por primera vez libertad religiosa, sufragio universal masculino y la monarquía democrática como sistema de gobierno. El Gobierno aprobó: Ley Electoral, Ley de Matrimonios civiles, Ley Orgánica del Poder Judicial y reforma del Código Penal.
Había una Constitución, pero España era una monarquía sin rey. Se instauró una regencia presidida por Serrano y Prim fue nombrado jefe de Gobierno. Aunque estaba descartada la vuelta de los Borbones, Cánovas del Castillo forma el Partido Alfonsino, en defensa de los derechos del hijo de Isabel II.
Durante el año 1869 se produjeron varios problemas: comienza la guerra con Cuba, los carlistas se reorganizan en torno a Carlos VII, y se suceden levantamientos republicanos por todo el país.
En octubre de 1870, Amadeo de Saboya aceptó la Corona, con el consentimiento de las potencias europeas, en noviembre las Cortes lo eligen Rey. Su breve reinado (1870-1873) fue debido a diversos factores: asesinato de su valedor, Prim, el conflicto militar con Cuba, la oposición de las fuerzas monárquicas (el carlismo, con la tercera guerra carlista, y el Partido Alfonsino); a ello se unió la oposición de la nobleza y burguesía; y las movilizaciones obreras y populares que reclamaban un régimen republicano.
Amadeo I abdicó, febrero de 1873, y las dos cámaras reunidas en una sola Asamblea, proclamaron la I República.
La Asamblea, que había proclamado la I República, designó a Estanislao Figueras, presidente de una República unitaria, inmediatamente chocó con los republicanos federales. Su principal cometido era convocar Cortes Constituyentes que promulgasen una nueva Constitución. Se enfrentó con graves problemas: crisis de Hacienda, cuestión de Cuba y la Tercera Guerra Carlista. En su breve gobierno promulgó una amplia amnistía, abolió la esclavitud en Puerto Rico y suprimió las quintas.
En las primeras elecciones triunfan los republicanos federales, proclamándose la República Democrática Federal, siendo Pi i Margall presidente. En los republicanos federales surgieron dos tendencias: transigentes querían conseguir el orden social y después construir la República Federal desde arriba; y los intransigentes, defendían la construcción desde abajo, y así vendría la paz social. Al tiempo estalló una revolución cantonal, protagonizada por la clase media y trabajadores urbanos, comenzó en Cartagena extendiéndose al Sur y Levante.
Al no poder aprobar la Constitución Pi i Margall dimitió, le sucedió Salmerón, se limitó a restablecer el orden y reprimir los movimientos obreros. Dimitió al no querer firmar unas penas de muerte contra revolucionarios.
Emilio Castelar le sucedió, intentó restablecer el orden. Su giro a la derecha le enfrentó a los intransigentes.
El golpe de Estado del general Pavía, enero 1874, disolvió las Cortes y puso fin a la I República.
1874 fue de transición entre la I República y la Restauración borbónica, el poder pasó a Serrano, apoyado por liberales, como Topete y Sagasta, Cánovas intentaba el regreso de los Borbones. El pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos, acabó con el Sexenio revolucionario, iniciando la Restauración.

12-5 REINADO DE ALFONSO XII: EL SISTEMA CANOVISTA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1876.

La Restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII (hijo de Isabel II) va desde 1875 hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII en 1902. Pero el verdadero artífice del sistema político de la Restauración fue Cánovas del Castillo, que consiguió establecer en España una monarquía liberal parlamentaria (no democrática), que haría posible la gobernabilidad del Estado durante casi cuarenta años.
El proyecto político de Cánovas se gestó durante el Sexenio democrático, cuando Cánovas al frente del Partido Alfonsino, consiguió de la reina en el exilio que abdicara a favor de su hijo.
Alfonso se educó en la academia de Sandhurst; y desde allí, tras el golpe del general Pavía (enero 1874) que llevó al gobierno a Serrano, hizo publicar el Manifiesto de Sandhurst (redactado por Cánovas), donde presentaba la restauración de la monarquía constitucional como la única solución a los problemas de España.
En diciembre de 1874, el general Martínez Campos protagonizó el pronunciamiento militar en Sagunto, restableciendo la monarquía. Serrano dimitió, Cánovas inició un gabinete-regencia, y en enero Alfonso XII lo confirmó en el Gobierno.
Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885), Cánovas del Castillo estableció las bases para conseguir la estabilidad política en España. Los objetivos políticos del sistema canovista se centraron en:
• Pacificación del país. El Ejército, protagonista de la política durante el siglo XIX, debía volver a los cuarteles y servir al Estado con independencia de quien gobernara. El Ejército se centró en el final de la Tercera Guerra Carlista (1876) y la Guerra de Cuba (Paz de Zanjón 1878).
• Bipartidismo. Hasta ahora los progresistas solo habían accedido al poder mediante pronunciamientos. Para evitarlo y conseguir estabilidad, era necesario que los liberales se alternaran en el poder. Los dos partidos que se alternaron fueron: el Partido Liberal Conservador (futuro Partido Conservador), antiguos moderados, unionistas y católicos (Unión Católica), liderados por Cánovas; y el Partido Liberal Fusionista (más tarde Partido Liberal), formado por progresistas, demócratas y republicanos moderados, liderados por Sagasta.

El Partido Conservador estaba apoyado por la burguesía financiera y latifundista, y la aristocracia; y el Partido Liberal por la burguesía industrial y comercial, funcionarios y profesionales liberales.
Los dos partidos aceptaron turnarse en el gobierno. Para conseguirlo, era necesario el fraude electoral, que funcionaba así: el rey encargaba la formación de gobierno al partido que le tocase, se disolvían las Cortes y se convocaban elecciones, desde el Ministerio de la Gobernación se ponía en marcha el “Encasillado” (lista de diputados provinciales que debían salir elegidos). La lista se imponía mediante presión, compra de votos de los caciques, amenazas, y si no era suficiente se manipulaba el censo, o las actas de resultados. El conjunto de prácticas antidemocráticas, dentro del sistema caciquista, eran conocidas como “pucherazo”.
• Constitución de 1876. Era necesaria para legitimar el régimen, convocándose elecciones a Cortes por sufragio universal masculino, y estas de mayoría conservadora la redactaron y aprobaron. Inspirada en la de 1845 pero con novedades de la de 1869. Establecía la soberanía compartida Rey-Cortes. No existía un clara división de poderes: el legislativo es compartido, Rey- Cortes bicamerales, Congreso elegido por sufragio censitario y Senado parte de elección real y otra mediante un sistema indirecto por las corporaciones y los mayores contribuyentes; el ejecutivo lo tiene el rey que elige al jefe de Gobierno, es jefe del Ejército y tiene amplias facultades (sanciona leyes, disuelve las cámaras, convoca nuevas elecciones y un derecho a veto en cada legislatura; y el judicial en los tribunales. Derechos y libertades como los de 1869. Religión oficial la católica, aunque tolerando otros cultos.

Cánovas gobernó los primeros años del reinado de Alfonso XII. Eliminó lo más radical del Sexenio democrático (matrimonios civiles, juicios con jurado), restableció el Concordato con la Santa Sede, restituyó a militares depuestos, y eliminó a los alcaldes y gobernadores civiles nombrados en el Sexenio. Promulgó la Ley Electoral (1876), Ley de Imprenta (1879), fin de la libertad de cátedra y prohibió asociaciones obreras.
Sagasta le sucedió (1881-1884), restableció la libertad de cátedra, expresión y reunión; permitió las asociaciones obreras, amnistió a republicanos. La doble crisis (Francia y sublevación militar republicana) puso fin a su gobierno.
Con Cánovas en el gobierno muere Alfonso XII, iniciándose la regencia de María Cristina de Habsburgo con el Pacto del Pardo, respetando el turno de partidos y garantizando así el sistema canovista los años siguientes.

12-6 LA REGENCIA DE Mª CRISTINA DE HABSBURGO Y EL TURNO DE PARTIDOS. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA. REGIONALISMO Y NACIONALISMO.

Tras la muerte de Alfonso XII (1885), su esposa Mª Cristina de Habsburgo asumió la regencia (1885-1902). La necesidad de garantizar la estabilidad del régimen durante la regencia, llevó a Cánovas y Sagasta a firmar el Pacto del Pardo, comprometiéndosen a apoyar la regencia, facilitar el relevo en el gobierno, y a no echar abajo la legislación aprobada por el anterior. Ambos cumplieron y facilitaron la alternancia (turno de partidos), y Mª Cristina respetó las decisiones de los gobiernos, aunque aumentó lo corrupción política y falseamiento electoral (sistema caciquista).
Mª Cristina entregó el poder al Partido Liberal de Sagasta (Parlamento largo, 1885-1890). Este practicó una política aperturista, aprobó el Código de Comercio (1885), Ley de Asociaciones (1887), Código Civil (1889), sufragio universal masculino (1890); restableció los juicios con jurado y abolió de manera efectiva la esclavitud en Cuba. No aceptó la autonomía de Cuba, la reforma del Ejército, ni el reconocimiento de los particularismos regionales.
El nuevo Gobierno conservador (1890-1892), aprobó la Ley de Aranceles (1891), por la crisis económica europea.
Los liberales volvieron a gobernar 1892, elaboran el proyecto de reforma de la administración y gobierno de Cuba, que no se aprobaría, y en febrero de 1895 se iniciaba la insurrección que daría lugar a la Guerra de Cuba.
El turnismo se mantuvo en toda la regencia, incluso en los momentos más críticos como la Guerra de Cuba y la muerte de Cánovas (1897) víctima de un atentado por un anarquista italiano.
La oposición al sistema político de la Restauración, no supo aprovechar ni la corrupción del sistema, ni la pasividad de la población. Lo componían las fuerzas políticas no integradas en el sistema, que eran:
• Carlistas. Tras su derrota en 1876 divididos en dos grupos, los que rechazaban el régimen, liderados por Ramón Nocedal; y los liderados por Vázquez de Mella que formarían un partido y lucharían dentro de la legalidad
• Republicanos. Estaban muy desunidos. Castelar lideraba a los posibilistas, colaboraron con el partido de Sagasta. Salmerón y Pi i Margall estaban divididos en su concepción de la República: Salmerón defendía una República unitaria, y Pi i Margall una federal. Ruiz Zorrilla y su grupo eran partidarios de la lucha armada.
• Asociaciones obreras. En la clandestinidad con la Restauración y escindido en dos corrientes, anarquista y socialista. La anarquista se reorganizó con la fundación de la Federación de Trabajadores de la Región Española-FTRE (1881). Mayor presencia en Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía; las divisiones internas y la represión, les llevó a final de los ochenta a un activismo sindical y reivindicativo, y una minoría se radicalizó (Mano Negra).

Los socialistas, refugiados en torno a la Asociación del Arte de Imprimir, presidida por Pablo Iglesias en 1874. En 1879 fundan el PSOE y en 1888 la Unión General de Trabajadores, sindicato, cuyo objetivo era mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los obreros, mediante la negociación, las demandas al poder político y la huelga.
• Regionalismo y nacionalismos. Se sumaron a la oposición al sistema, sus objetivos eran: creación de instituciones propias o autonomía administrativa, y en otros lograr la independencia. Esto suponía un modelo de Estado descentralizado, opuesto al centralista del sistema canovista. Destacaron:
– Catalanismo. En la Restauración nace el movimiento cultural, la Reinaixença. Almirall fundó el Centre Catalá (1882). En 1891 se crea la Unió Catalanista que promovió las Bases de Manresa, recogía el primer programa del catalanismo e incluía un proyecto de Estatuto de Autonomía. En 1901 se formó el primer gran partido catalanista, la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la Riba y Francesc Cambó.
– Nacionalismo vasco. Reivindicó los fueros perdidos; rechazó la industrialización, el capitalismo y los inmigrantes; dentro de una línea de pensamiento católica y antiliberal. 1895 Sabino Arana funda el Partido Nacionalista Vasco. Desde 1898, osciló entre el independentismo y la integración autónoma dentro de España.
– Nacionalismo gallego. Liderado por Manuel Murguía y Alfredo Brañas, no pretendían alcanzar un Estado independiente, sino un modelo de descentralización (autonomía).
– Regionalismo andaluz. Comenzó con el cantonalismo de 1873. Su ideólogo fue Blas Infante, pero no se llegó a la consolidación de un partido andalucista.
– Regionalismo valenciano. Más un movimiento cultural que político, en el que destacó Constantí Llombart.

12-7 GUERRA COLONIAL Y CRISIS DE 1898.

Los restos del imperio colonial español, tras la pérdida de la América continental a principios del siglo XIX, consistían en las dos grandes islas del Caribe, Cuba y Puerto Rico; Filipinas, en el Pacífico Occidental, y un conjunto de islotes y pequeños archipiélagos dispersos por este océano.
Cuba y Puerto Rico presentaban unos rasgos coloniales muy peculiares: situadas en las cercanías de Estados Unidos, tenían una economía basada en la agricultura de exportación, principalmente azúcar y tabaco; aportaban a la economía española importantes beneficios, debido a las leyes arancelarias que imponía la metrópoli; eran un mercado cautivo, obligado a comprar harina y textiles a la metrópoli, e impedidas de exportar azúcar a Europa desde 1870; y privadas de toda capacidad de autogobierno. La dependencia de España se mantuvo por el papel que la metrópoli cumplía con sus tropas y administración, asegurando la explotación esclavista que beneficiaba a una reducida oligarquía.
En Filipinas, la población española era escasa, y los capitales invertidos no eran importantes. La soberanía se había mantenido tres siglos gracias a la fuerza militar y a la presencia de órdenes religiosas. La relación con la metrópoli se centró, en la explotación de recursos agrarios y en la presencia de clérigos y misioneros.
En 1868 comenzaron en Cuba movimientos independentistas, con la sublevación popular dirigida por Céspedes, luchando por la abolición de la esclavitud y por la autonomía política. Estos movimientos sintieron el estímulo de Estados Unidos, con la abolición de la esclavitud tras la Guerra de Secesión.
La Guerra de los Diez Años (1868-1878) concluyó con la Paz de Zanjón, por la que el general Martínez Campos se comprometió a dar a Cuba cierto autogobierno. Los resultados de la Paz de Zanjón fueron escasos. Surgió el Partido Liberal Cubano (1878) representando sectores de la burguesía criolla buscando más autogobierno; pero la Guerra Chiquita (1879-1880) puso de manifiesto el descontento por la Paz de Zanjón y avivó el independentismo.
En 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano partidario de la independencia, y el mismo año en Filipinas José Rizal fundó la Liga Filipina.
La propuesta de una nueva ley autonómica para Cuba (1895) llegó tarde y la Guerra independentista se endureció con José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo. España envió a Martínez Campos, pero fracasó; asumió el mando el general Weyler, y a pesar de los éxitos iniciales, no impidió la lucha armada.
En Filipinas fue ejecutado Rizal, pero Aguinaldo mantuvo la insurrección. En 1897 desaparece Cánovas, los líderes de Cuba y Filipinas están en estrecha relación con Estados Unidos. Sagasta cree necesario reconocer una amplia autonomía, pero Estados Unidos se implica en el conflicto, y la voladura del acorazado Maine sirvió de pretexto para una declaración de guerra, que se desarrolló en el Caribe y Filipinas.
Las derrotas de Cavite y Manila en Filipinas; y Santiago en Cuba, llevaron a la Paz de París el 10 de diciembre de 1898, España reconocía la independencia de Cuba y cedía a Estados Unidos Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. En 1899 España vendía al Imperio alemán las islas Coralinas, las Marianas (excepto Guam) y Palaos.
La pérdida de las últimas colonias fue conocida como él desastre del 98 y tuvo importantes repercusiones, destacan:
• La aparición de un movimiento intelectual y crítico, el regeneracionismo, que rechazaba el sistema político y social de la Restauración, al considerarlo una lacra para el progreso de España. Entre sus representantes destacan Joaquín Costa, Almirall… El regeneracionismo tuvo su vertiente literaria con la Generación del 98 (Unamuno, Baroja…)
• Económicas. La derrota supuso la pérdida del mercado colonial, iniciándose una política proteccionista.
• En política internacional, España dejó de ser un Imperio, iniciando una intervención en África.
• Una propuesta de reforma y modernización: el llamado regeneracionismo político que representaban políticos de diferentes partidos. En el Partido Conservador Francisco Silvela, y en el Partido Liberal José Canalejas.
• El desprestigio militar. La imagen del Ejército salió dañada, lo que traería graves consecuencias en el siglo XX.
• Crecimiento del movimiento obrero. Las movilizaciones obreras fueron en aumento en las primeras décadas del siglo XX, con sucesos como la Semana Trágica de Barcelona (1909).
• Los nacionalismos periféricos de la península adquirieron mayor empuje y protagonismo tras la crisis del 98.

LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN

11. LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN

11.1 LA CRISIS DE 1808: LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y LOS COMIENZOS DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL.

Carlos IV (1788-1808) y el modelo político del absolutismo ilustrado, fueron incapaces de resolver los graves problemas de España. Tras el desastre en la Guerra de la Convención (1793-1795-Paz de Basilea) contra Francia, se volvió a una política franco-española poco favorable para España (Trafalgar-1805). Fruto de ella fueron los tratados S. Ildefonso (1796 y 1800), y el Tratado de Fontainebleau (1807), por el que Godoy autorizaba el paso del ejército francés a Portugal. Napoleón propone el cambio de frontera franco-española al Ebro, Godoy ve las intenciones e intenta trasladar a la familia real a Andalucía y quizás después a América; ello provocó el Motín de Aranjuez (19-III-1808) protagonizado por simpatizantes del príncipe Fernando, con él cae Godoy y Carlos IV abdica en su hijo Fernando. Napoleón aprovecha la situación atrayendo a la familia real a Bayona, teniendo lugar las Abdicaciones de Bayona: Fernando renunció al trono a favor de su padre y este en Napoleón, que a su vez entregaría a su hermano José Bonaparte (José I), que hizo publicar el Estatuto de Bayona (julio 1808)
En Madrid se produjeron constantes incidentes, que desembocaron en el levantamiento del 2 de mayo de 1808. En él el pueblo, junto a oficiales del cuartel de Monteleón se sublevaron contra los franceses. Los soldados de Napoleón respondieron fusilando a numerosos madrileños el 3 de mayo. El levantamiento de Madrid se extendió por todo el territorio y desembocó en la Guerra de la Independencia (1808-1814).
Con los levantamientos y abdicaciones se produjo un vació de poder. En las zonas no ocupadas, se estableció un nuevo poder: Juntas locales y provinciales, coordinadas por la Junta Central Suprema, constituida en Aranjuez (septiembre-1808) y presidida por Floridablanca, asumía la soberanía nacional y dirigía la marcha de la guerra.
La guerra tuvo un carácter de guerra de liberación, no fue una guerra política, sino nacional, no solo el ejército, todo el pueblo participó. Tuvieron gran importancia dos aspectos: la lucha de guerrillas, apoyada por el país, y la resistencia en las ciudades, enfrentadas ante un ejército más numeroso.
La guerra se desarrolló en tres fases:
– Primera fase: Ocupación de las tropas francesas de los lugares estratégicos (mayo-octubre 1808). Ciudades, como Zaragoza y Gerona se sublevaron y fueron aisladas. El ejército francés dirigido por el general Dupont, encargado de dominar Andalucía, fue derrotado en Bailén (julio 1808); obligándoles a retroceder hasta el Ebro, y José I abandonó Madrid y se trasladó a Vitoria-Gasteiz.
– Segunda fase: Predominio francés (octubre 1808-julio 1812). Napoleón entra en España con 250.000 soldados, restablece en el trono a José I. La Junta Central Suprema se traslada a Sevilla y posteriormente a Cádiz. Se rompe la línea de resistencia española establecida en el Ebro, con derrotas españolas (Uclés) y rendición de Zaragoza y Gerona (1809). Ocupan toda Andalucía a excepción de Cádiz. Los franceses ocuparon oficialmente toda España, aunque en realidad solo dominaron las ciudades y grandes rutas, el campo se hallaba en manos guerrilleras.
– Tercera fase: ofensiva hispano-inglesa (julio 1812-1814). Con la retirada de las tropas francesas, necesarias en el frente ruso, la Junta Suprema Central firmó con Inglaterra una alianza contra Napoleón. El ejército hispano-inglés al mando de Wellington, derrotó a los franceses en Arapiles (julio 1812). A partir de aquí se invirtió la guerra: 1813 derrota francesa en Vitoria y San Marcial, Pamplona se rindió en octubre y a principios de 1814 evacuaron las últimas plazas en Cataluña.

Con el Tratado de Valençay (diciembre 1813), Napoleón reconoce a Fernando VII como rey de España.
Durante la guerra se vivió una auténtica revolución política, José I impuso el Estatuto Real de Bayona (julio 1808) implantando un régimen autoritario parcialmente reformista que establecía unas Cortes, reconocía algunos derechos individuales y mantenía la religión católica. Aprobó medidas modernizadoras: supresión de Secretarías y Consejos por ministros, abolición de la jurisdicción señorial, eliminación de barreras aduaneras, disolución de la Inquisición y reducción de conventos. Pero la mayoría del pueblo lo rechazó y formó sus propios órganos de gobierno. Surgen Juntas locales, provinciales, coordinadas por la Junta Central Suprema, que dio paso a un Consejo de Regencia, y en septiembre de 1810 entregó la autoridad a las Cortes de Cádiz, que asumieron la soberanía nacional al constituirse en Asamblea Nacional Constituyente.

11.2 LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) se gestó un nuevo régimen político, se produjo una revolución política, porque significaba asumir la soberanía nacional y romper el absolutismo. Primero surgieron Juntas locales, luego Provinciales y en septiembre de 1808 la Junta Central Suprema, que se convirtió en gobierno de la resistencia.
Trasladada a Cádiz la Junta Central Suprema, desacreditada por las derrotas militares, dio paso a un Consejo de Regencia, compuesto por cinco miembros, siendo el órgano de gobierno hasta el regreso de Fernando VII. Aunque la Junta Central ya había debatido la idea de una reunión de Cortes Generales, la Regencia no se decidió hasta que llegó la noticia del establecimiento de poderes locales en ciudades americanas, que podían poner en peligro el imperio español. Las Cortes sé autoconstituyen en Asamblea Constituyente y asumen la soberanía nacional. Se inician las sesiones (septiembre-1810), con el juramento de los diputados de defender la integridad de la nación española (incluida América), las Cortes funcionaron hasta la primavera de 1814.
La mayoría de los diputados eran de clases medias, eclesiásticos, abogados, militares, funcionarios, catedráticos, y miembros de la burguesía; clases populares y mujeres no estaban representadas. Los diputados formaban tres tendencias: liberales partidarios de reformas revolucionarias, ilustrados partidarios de reformas moderadas sin cambiar el sistema absolutista, y absolutistas que pretendían mantener el viejo orden monárquico.
Las Cortes aprobaron una serie de medidas que desmantelaban en parte los fundamentos políticos, sociales y económicos del Antiguo Régimen. Entre las medidas sociales y económicas están:
• La supresión del régimen señorial, que impedía la modernización de la administración local y provincial. Fueron derogados los gremios para dar paso a las modernas relaciones de producción liberal-capitalista.
• La nueva desamortización, aplicada a las propiedades de afrancesados, de las órdenes militares disueltas, de los conventos y monasterios destruidos por las guerras, y a la mitad de las tierras comunales.
• Se suprimen las aduanas interiores y el Honrado Concejo de la Mesta.
• Decretan la abolición de la Inquisición y supresión de conventos con menos de 12 miembros.
• Se aprueba el Decreto de libertad de prensa, junto al de producción, contratación y comercio.
• Se inició el debate sobre la reorganización territorial de España (con aportaciones de contenido regionalista), para conseguir la uniformidad territorial y centralización política.

La reforma política más relevante fue la Constitución de 1812 (19-marzo), primera ley fundamental aprobada por un Parlamento nacional en España. Sus principios básicos, inspirados en la Constitución francesa de 1789, eran:
• Soberanía nacional. La soberanía residía en la nación, incluidos los habitantes de las colonias.
• División de poderes. El poder legislativo residía en las Cortes unicamerales, el poder ejecutivo en el Rey y sus ministros y el poder judicial en los tribunales. El monarca no podía disolver las Cortes y solo poseía un derecho de veto suspensivo y transitorio durante dos años sobre las leyes aprobadas en las Cortes.
• Establece como sistema de gobierno la monarquía constitucional.
• Reconoce derechos individuales y colectivos: libertad de imprenta, propiedad, educación etc.
• Igualdad de todos ante la ley. Se suprimen los fueros y leyes que iban en contra de la Constitución, se establecen códigos y tribunales para todos, igualdad fiscal, burocracia centralizada y un ejército nacional, estableciéndose una Milicia Nacional para garantizar el orden constitucional.
• Proclama el catolicismo como religión única y oficial del Estado.
• Sufragio universal masculino e indirecto como sistema electoral.

Los ciudadanos, de acuerdo con la Constitución, reconocen a Fernando VII como rey constitucional. La Constitución refleja el influjo de Iglesia y nobleza, declara un Estado confesional y reconoce las propiedades de los privilegiados.
Ni la Constitución de 1812, ni las leyes emanadas de las Cortes tuvieron una aplicación práctica por el estado de guerra que se vivía. Fernando VII no tuvo dificultad en derogar la Constitución, pero fue el símbolo del liberalismo y sirvió de inspiración a textos posteriores.

11.3 FERNANDO VII: ABSOLUTISMO Y LIBERALISMO. LA EMANCIPACIÓN DE LA AMERICA ESPAÑOLA

Con el Tratado de Valençay (11-XII- 1813) entre Napoleón y Fernando VII, éste recupera los derechos a la Corona. Regresa a España, y en abril de 1814 recibe el Manifiesto de los Persas, firmado por diputados absolutistas. El texto censura la labor de las Cortes de Cádiz y condena la soberanía nacional, pidiendo al Rey que se suprimieran las Cortes y las reformas aprobadas en ellas, incluida la Constitución de 1812. El 4 de mayo, el rey promulga un Decreto (Decreto de Valencia), que anulaba las reformas aprobadas en las Cortes, incluida la Constitución de 1812.
Se inicia el Sexenio absolutista (1814-1820). Comienza con la detención de los liberales más importantes y la disolución de las Cortes. Apoyado por la Iglesia y los grandes terratenientes, anuló la libertad de prensa, restableció la Inquisición y la Mesta, permitió la vuelta de los jesuitas y restauró la sociedad estamental. El rey se enfrentó a problemas: inestabilidad del gobierno, crisis en Hacienda y oposición liberal, con pronunciamientos como los de Espoz y Mina, Porlier y Lacy. En 1820 triunfa el pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla).
Fernando VII restableció la Constitución 1812 iniciando el Trienio liberal (1820-1823). Se restablecieron las leyes aprobadas en Cádiz, como la eliminación de la Inquisición, abolición del régimen señorial, reanudan la desamortización. Se aprobó la Ley de Supresión de Monasterios, Reglamento de Instrucción Pública, primer Código Penal, división del territorio en 52 provincias, se instauró la Milicia Nacional y expulsan a los jesuitas
Los liberales se dividieron en dos facciones: moderados o doceañistas (antiguos diputados liberales de Cádiz e intelectuales ilustrados) como Argüelles y Martínez de la Rosa, y exaltados o venteañistas (protagonistas de la revolución de 1820) como Mendizábal y Alcalá Galiano. Los primeros defendían el sufragio censitario, para limitar la soberanía nacional y Cortes bicamerales. Los exaltados defendían el sufragio universal, la soberanía nacional y Cortes unicamerales. Hasta 1822 gobernaron los moderados, y después los exaltados.
La oposición al régimen liberal venía del Rey, apoyado por parte del ejército, el clero y el campesinado. En 1822 en Cataluña se llegó a formar un gobierno paralelo con la Regencia de Urgell.
Los Cien Mil Hijos de San Luís, ejército organizado por Francia por orden de la Santa Alianza, pusieron fin al régimen liberal, dando paso a la década absolutista u ominosa (1823-1833). Aunque se restablecieron las instituciones de la monarquía absoluta, se evolucionó hacia un reformismo moderado.
Los liberales sufrieron represión y muchos se exiliaron. Hubo intentos de insurrección (Riego, Empecinado y Torrijos).
Se llevaron a cabo reformas: creación del Consejo de Ministros y del Ministerio de Fomento. En Hacienda, López Ballesteros elaboró los primeros presupuestos generales del Estado, e impulsó la creación de un nuevo Código de Comercio, Tribunal de Cuentas, Banco de San Fernando (1829) y la Bolsa de Madrid (1831).
El régimen tenía dos enemigos: los liberales exaltados y los realistas. Los realistas ultras se alinearon en torno a Carlos Mª Isidro, hermano y heredero a la corona. Fernando VII publica la Pragmática Sanción, derogando la Ley Sálica, permitiendo reinar a las mujeres. Tras los sucesos de la Granja, Fernando VII confirmó los derechos sucesorios de su hija Isabel, formando gobierno con Cea Bermúdez. Al morir Fernando VII, Mª Cristina hereda la corona en nombre de su hija Isabel, iniciándose la guerra civil o primera guerra carlista (1833-1840).
Al tiempo se produce el proceso independentista en América. Las causas que originaron la insurrección son múltiples: el reformismo borbónico del siglo XVIII, la extensión de las ideas ilustradas y liberales, la debilidad de España (Trafalgar e invasión napoleónica) y los intereses ingleses. Se distinguen dos periodos:
• Primera fase (1810-1815). La burguesía criolla promovió Juntas y depuso a virreyes y capitanes generales, rechazando la autoridad de la Junta Central Suprema. Estallan insurrecciones como la del cura Hidalgo en México, Simón Bolivar en Venezuela y José Francia en Paraguay.
• Segunda fase (1816-1824). Reacción absolutista que no impidió la independencia de Argentina (1816), y acciones revolucionarias: Simón Bolivar libera Ecuador, Venezuela y Colombia; San Martín logra la independencia de Chile (1818), Iturbide la de México (1822), y Sucre la de Perú y Bolivia.

Hacia 1825 solo Cuba y Puerto Rico, junto a Filipinas en Asia, permanecían en la corona española. La independencia de las colonias americanas agotó la Hacienda y agravó la crisis. España quedó relegada a un papel de potencia de segundo orden, y perdió un gran mercado. Los nuevos estados fueron neocolonizados por Inglaterra y Estados Unidos

LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII

10. LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII.

10.1 LA GUERRA DE SUCESIÓN Y EL SISTEMA DE UTRECHT.

Carlos II último rey de la casa del los Austria murió sin descendientes dejando como heredero al trono a Felipe de Anjou; lo que desembocó en una guerra internacional que enfrentó al archiduque Carlos de Habsburgo, apoyado por la Gran alianza antiborbónica (Holanda, Inglaterra, Portugal, Prusia y el Ducado de Saboya) con Felipe de Borbón apoyado por Francia y España. En España desembocó en una guerra civil, Castilla apoyaba a Felipe de Anjou y la Corona de Aragón al archiduque.
La Guerra de Sucesión (1701-1715) en principio fue favorable a la Gran Alianza, pero Felipe V se impuso en Almansa (1707), y Brihuega y Villaviciosa (1710). El archiduque Carlos heredó el imperio austriaco (1711), precipitando el fin. Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), supusieron acuerdos de carácter:
– Político. Felipe V era reconocido rey de España, prohibiendo la unión de Francia y España.
– Territorial. Inglaterra se quedó con Gibraltar y Menorca, Austria con Flandes y territorios italianos.
– Económico. Fin del monopolio americano y del asiento de negros*, instaurando el navío de permiso*.
*Navío de permiso: derecho contenido en el Tratado de Utrecht con el que Gran Bretaña obtuvo licencia para comerciar con un buque de 500 toneladas por año. Ocasionó numerosos abusos y fricciones.
*Asiento de negros: disposición del Tratado de Utrecht por la que España concedió a Gran Bretaña el monopolio del comercio de esclavos africanos en sus colonias durante un período de treinta años.

10.2 LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII: CAMBIOS DINÁSTICOS. LOS PRIMEROS BORBONES.

La Guerra de Sucesión (1701-1715) fortaleció la monarquía absoluta. La nueva dinastía, era francesa así como los primeros miembros del Gobierno de Felipe V. Imponiéndose en España el modelo del absolutismo francés.
Felipe V (1700-1746) empleó validos extranjeros (Alberoni); tras sus fracasos en la política exterior los sustituyó por una burocracia española absolutista y reformista, destacando José Patiño. Emprendió reformas, como los Decretos de Nueva Planta, y en política exterior firmó dos de los tres Pactos de Familia.
Su reinado estuvo interrumpido en 1724, con el breve reinado de su hijo Luis I, centrado más América.
Su sucesor Fernando VI (1746-1759) tampoco intervino en el Gobierno, dejando actuar a burócratas como José de Carvajal y el marqués de la Ensenada.
Por lo general, estos políticos procedían de la baja nobleza, dependiendo del favor del rey. Sus reformas pretendían consolidar el absolutismo con una política centralizadora, control de la Iglesia e intervención en la economía. La nueva monarquía quería devolver a España una posición de potencia internacional.

10.3 LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII: REFORMAS EN LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO. LA MONARQUÍA CENTRALISTA.

Con Felipe V se instaura en España el absolutismo monárquico. El rey concentraba todos los poderes y
centralizaba gran parte del poder territorial.
Las reformas que llevaron a cabo tenían como fin consolidar el poder absoluto, impulsando:
• La reforma del Gobierno y la Administración. Se realizó sobre los principios de centralización y
uniformidad. Los Consejos fueron relegados (excepto el de Castilla) por los secretarios de despacho,
futuros ministros. Los Decretos de Nueva Planta, suprimieron los fueros e instituciones de la antigua
corona de Aragón, respetándose los de Navarra y País Vasco. Las Cortes serán únicas, a excepción de las de Navarra. Se establecen los intendentes* al frente de las provincias, y los capitanes generales
sustituyeron a los virreyes. Se creó la Guardia Real y el regimiento* por los tercios.
• Control de la Iglesia. Aplicaron el regalismo* y consiguieron el patronato universal.
• Intervención del Estado en economía. Impuesto único en los reinos orientales y contribución única en
Castilla (Catastro Ensenada). El Estado creó manufacturas reales.
*Intendente: jefe del gobierno del municipio.
*Regimiento: unidad homogénea de cualquier arma o cuerpo militar.
*Regalismo: doctrina que defiende la primacía del poder real sobre el religioso.
*Patronato Universal: derecho otorgado por el Concordato de 1753, según el cual se ampliaba el derecho de
presentación de los obispos y algunos otros cargos eclesiásticos importantes a todos los canónigos, prebendas
y beneficios, excepto los cincuenta y dos que se reservaba el papa.

10.4 LA PRÁCTICA DEL DESPOTISMO ILUSTRADO: CARLOS III.

El reinado de Carlos III (1759-1788), supone la instauración en España del despotismo ilustrado. Ilustrado por un lado e inmovilista y antidemocrático por otro.
Carlos III se rodeó de secretarios: Campomanes, Floridablanca, Esquilache. Este último protagonizó el Motín de Esquilache (1766) al liberalizar los precios del trigo e incrementar los impuestos. El motín acarreó una serie de consecuencias: sustitución de Esquilache, poniendo al frente del gobierno al conde de Aranda (en 1776 le siguió Floridablanca), expulsión de los jesuitas (1767), manteniendo la política regalista, y siguieron los privilegios de la nobleza y derechos señoriales.
En política económica, Olavide, Jovellanos y Campomanes abordan la Ley Agraria; se limitan los intereses de la Mesta. Olavide supervisó el plan de colonización de Sierra Morena. Se creó el Banco Nacional de San Carlos y comienza la emisión de vales reales (títulos de deuda pública). Se fomentó la construcción de obras públicas: Canal de Castilla e Imperial de Aragón.
*Sociedades Económicas de Amigos del País: asociaciones fundadas por grupos de intelectuales para difundir ideas de la Ilustración y promover el desarrollo de España. Trataron de fomentar la economía y la enseñanza, a la vez que divulgaban los avances científicos. La primera fue la Vascongada, aunque la Matritense, fundada por Campomanes, alcanzó mayor influencia.

10.5 LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII: EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EUROPA.

El objetivo fundamental de la política exterior de los primeros Borbones fue recuperar los territorios perdidos con la Paz de Utrecht.
Felipe V y su segunda esposa Isabel de Farnesio, se centran en Italia. Invaden Cerdeña y Sicilia, provocando la Cuádruple Alianza (1718). En 1731 acuerdo con R. Unido y Francia, obteniendo Parma para su hijo mayor Carlos. Firma con Francia el Primer Pacto de Familia* (1733 – Guerra de Sucesión de Polonia), recuperando Sicilia y Nápoles para Carlos, abandonando Parma. Con el Segundo Pacto de Familia (1743 – Guerra de Sucesión de Austria) obtiene Parma, para su segundo hijo Felipe.
Fernando VI, mantuvo una política exterior de neutralidad firmando la Paz con Inglaterra.
Carlos III firmó el Tercer Pacto de Familia con Francia (1761), participando en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y en la Guerra de la Independencia de las trece colonias británicas en Norteamérica (1775-1783), en esta última con la Paz de Versalles se recuperó Florida, Menorca y Sacramento (Uruguay).
*Pacto de Familia: acuerdos de alianza suscritos entre los Borbones de Francia y España en el siglo XVIII para contrarrestar la hegemonía británica.

10.6 LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII: LA POLÍTICA BORBÓNICA EN AMÉRICA.

La pérdida de las posesiones europeas reorientó los intereses hacia América. Desarrollaron una política de control sobre la Administración americana, con un programa reformista:
– Reformas administrativas. El centralismo y las reformas alcanzarían a América. El Consejo de Indias y la Casa de Contratación perdieron funciones a favor de las Secretarias. Crean dos nuevos virreinatos: Nueva Granada (1717) y el de Río de la Plata (1776); y cuatro Capitanías Generales: Cuba, Guatemala, Venezuela y Chile.
– Reforma militar. No existía una fuerza armada en América, por ello se implantó el servicio militar obligatorio, se crearon cuatro guarniciones militares y se reordenó la Marina.
– Reformas económicas. Ante la escasez de suministros y aislamiento de algunas zonas, se adoptaron medidas: promoción de las compañías comerciales (Compañía Guipuzcoana de Caracas), introducción de navíos de registro*, medidas liberalizadoras del comercio (afectaba a nueve puertos-1765) y en 1778 promulgaron el Reglamento de Libre Comercio (trece puertos españoles comerciaban con veinticuatro americanos).
*Navíos de registro: sistema establecido a partir de 1740 para sustituir a las flotas. Un barco español, previa solicitud de autorización, podía comerciar libremente con América.

10.7 LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA.

La Ilustración es la corriente de pensamiento que se difundió por Europa en el siglo XVIII, y que en España constituyó la base intelectual de las reformas, especialmente con Carlos III. Los rasgos más característicos de esta ideología son: el empleo de la razón y la crítica, el fomento de la economía nacional, el desarrollo del conocimiento científico y de la educación como base del avance técnico y económico, y la difusión del progreso y de la felicidad.
La Ilustración se sirvió de varios canales de difusión de sus ideas como: Academias, Instituciones de enseñanza superior y consulados, junto a vías de nueva creación como las Sociedades Económicas de Amigos del País* y la prensa.
Destacan numerosos intelectuales y artistas como el pensador Gaspar Melchor de Jovellanos, en botánica José Celestino Mutis, el ensayista José Cadalso, el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín. Favoreció la aparición del Neoclasicismo utilizado en reformas urbanísticas (Puerta Alcalá).