Tema 4. La Baja Edad Media. La crisis de los siglos XIV y XV

TEMA 4 LA BAJA EDAD MEDIA S.14-15 (Aquí en Word)

Introducción:

 

La Baja Edad Media es un período de crisis generalizada en toda Europa: una crisis demográfica cuyo principal exponente es la Peste Negra, una crisis social que afecta al Feudalismo y a la Economía Señorial, una crisis política que se expresa en guerras permanentes (Guerra de los Cien Años) y una crisis religiosa expresada en el Cisma de Occidente.

 

En este contexto de crisis, Castilla y Aragón desarrollan las bases de estados modernos que cristalizarán en la época de los Reyes Católicos pero de dos maneras muy distintas: Monarquía Autoritaria y Pactismo respectivamente.

 

4.1  La organización política. Instituciones.

 

La Edad Media  fue un período de reforzamiento del poder de los nobles frente a los reyes, institucionalizado en las monarquías feudales. Sin embargo, en la Castilla de los siglos XIV-XV se fue imponiendo un nuevo principio político que anteponía el poder del monarca sobre cualquier otro poder del estado: la Monarquía Autoritaria. En ésta, el soberano sólo era responsable de sus actos ante Dios y no reconocía ninguna otra autoridad igual a la suya.

 

Uno de los primeros reyes que se decantó claramente por la Monarquía Autoritaria fue Alfonso XI (1310-1350) (Ordenamiento de Alcalá de 1348), sin embargo, a causa de las frecuentes minoridades reales y los conflictos civiles, sus descendientes (Pedro I el Cruel (1350-1369) Enrique IV (1454-1474)) tuvieron que mantener una pugna continua con la nobleza para imponer sus principios autoritarios.

 

La Monarquía Autoritaria exigía el desarrollo de unos instrumentos de gobierno que permitían al rey centralizar el poder y gobernar de una forma más efectiva. Estas instituciones constituyen las bases del estado moderno.

 

Instrumentos de la monarquía autoritaria en Castilla:

 

  • El Consejo Real (1385) era un órgano de gobierno de carácter técnico, formado por juristas. Su principal función era asesorar al rey y ayudarle en funciones de gobierno y legales.

 

  • La Audiencia (1371) ejercía funciones judiciales en nombre del rey. En principio era itinerante, pero en el siglo XV se estableció en la Chancillería de Valladolid.

 

  • Los Corregidores eran los representantes del rey en los municipios y jueces en primera instancia. En éstos el antiguo Concejo Abierto había sido sustituido por el Regimiento, un organismo de gobierno controlado por las oligarquías locales.

 

  • Las Cortes de Castilla no tenían ninguna función legislativa ni control del gobierno, solamente votaban impuestos y servicios para el rey, y solamente él tenía el poder para convocarlas. (Las Cortes Castellano-leonesas, que ya funcionaron conjuntamente en el siglo XIII, quedaron definitivamente unidas. Estaban integradas por tres estados: nobiliario, eclesiástico y ciudadano. Sus funciones siguieron limitadas a la concesión de servicios extraordinarios, a la jura del heredero y, sólo extraordinariamente, a la aprobación de leyes).

 

Al contrario que en Castilla, el Pactismo se impuso en Aragón. El Pactismo establecía que el rey debía negociar con las cortes de los tres reinos (Aragón, Cataluña, Valencia) las decisiones más importantes.

 

La debilidad de los monarcas de Aragón se debía a que en realidad eran los reyes de una confederación de tres reinos que mantenían sus propias leyes y cortes independientes. Para gobernar estos reinos así como otras conquistas del Mediterráneo la Corona de Aragón se valía de los virreyes o lugartenientes.

 

La Cortes de la Corona de Aragón tenían mucho más poder que las de Castilla. En 1283, los nobles aragoneses habían arrancado a Pedro III el Grande  los Privilegios de la Unión según los cuales las cortes tenían derecho a ser convocadas periódicamente (y no sólo cuando el rey lo desease), además las cortes mantenían las Diputaciones Permanentes que no se disolvían sino que gestionaban el cobro de impuestos. Una de estas diputaciones, la Generalitat de Cataluña (organismo nombrado por las Cortes, al disolverse, para vigilar percepción de los servicios y el cumplimiento de los acuerdos) llegó a adquirir ciertas funciones de gobierno. Otra institución particular de estos territorios era el Justicia de Aragón, defensor de los fueros del reino.

 

Las cortes en Aragón funcionaron con mayor vitalidad: se reunía de forma periódica y en ocasiones determinadas para jurar los fueros de los reinos. Conservaron su funcionamiento independiente en cada Estado.

 

Respecto al gobierno municipal, en la Corona de Aragón, los principales municipios tenían amplia autonomía. Así le ocurría a Barcelona que se gobernaba por una asamblea dominada por la oligarquía urbana: el Consell de Cent (Consejo de Ciento). Esta asamblea nombraba periódicamente a los magistrados de la ciudad: los consellers.

 

4.2. Crisis demográfica, económica y política

 

En el siglo XIV se produjo una grave crisis demográfica y económica que afectó profundamente a la sociedad Hispana. Hasta entonces, la expansión y las conquistas territoriales habían permitido el crecimiento demográfico y económico. Ya a principios del siglo XIV se produjeron frecuentes crisis agrícolas: ciclo climático negativo, estancamiento de la agricultura con muy bajos rendimientos (disminución de la producción), que llevaron al límite la contradicción entre unos recursos y unos alimentos limitados y una población creciente: de ahí la desnutrición y la hambruna. Sobre esta población subalimentada recayó la Peste Negra hacia 1348. La Peste provocó una caída de la población, sobre todo en Valencia, Cataluña y Aragón, y movimientos de población importantes del campo a la ciudad.

 

Las consecuencias económicas que desencadenó esta doble crisis agraria y demográfica fueron tremendas: reducción de las tierras de cultivo, despoblación de amplias zonas, escasez de mano de obra, alza de los precios, descenso de las rentas que percibían los grandes propietarios. La economía señorial sufrió un gran golpe: los señores perdieron muchos de sus campesinos feudatarios y por tanto se arruinaron. Los nobles estaban llevando a cabo una intensa reacción señorial, tanto contra el rey como contra sus propios campesinos a los que impedían salir del señorío y se les sometía a nuevas cargas señoriales (por ejemplo los payeses de  remensa[1] en Cataluña). (La respuesta más importante a esta reacción señorial, la podemos ver en las revueltas campesinas del siglo XV).

 

Las consecuencias sociales fueron el aumento de la conflictividad y las luchas sociales entre grupos y clases por el mantenimiento de sus rentas y de sus recursos, la aparición de la xenofobia contra los hispanojudíos, la reacción de la nobleza apropiándose de tierras de los concejos e incrementando la presión sobre los campesinos, y las luchas entre nobles. (Guerra Civil de Castilla).

 

La crisis de la época, afectó principalmente al mundo rural. Es más el comercio catalán en el Mediterráneo alcanzó un gran desarrollo, se vio menos afectado.

 

En el siglo XV se invirtió la tendencia y Castilla se recuperó demográfica y económicamente. Esta recuperación se vio vinculada al desarrollo de la ganadería ovina (oveja merina) y al comercio de lana con Flandes,  guerra de los Cien años que corta el suministro inglés a Flandes, impulso nobiliario debido a que la venta de lana les proporcionaba rentas más saneadas, impulso real que se beneficia del cobro de montazgos, el Honrado Concejo de la Mesta recibió privilegios frente a los campesinos y consolidó su poder.

La producción lanera apenas impulsó la artesanía textil, pero dio lugar a una intensa expansión mercantil. El comercio giraba en torno al eje Medina del Campo-Burgos-Vizcaya: las ferias de Medina creadas a comienzos del siglo XV se convirtieron en mercados de contratación de lana y en centros financieros; en Burgos se concentraba el producto, allí se crearon cofradías de  mercaderes, aparecieron transportistas vascos, asociados en la Hermandad de la Marina de Castilla, y se encargaban de la exportación. Por el contrario, la Corona de Aragón, y especialmente Cataluña sufrió una terrible crisis en el siglo XV, debido en parte al hundimiento del comercio mediterráneo (avance de los turcos en el Mediterráneo) pero al contrario, el puerto de Valencia alcanzó una gran prosperidad (comercio Norte de África).

 

Aspectos sociales. Las revueltas campesinas más llamativas se producen en este siglo XV. Los campesinos iniciaron, como respuesta al abuso de los señores tan acusado en el siglo XIV,  movimientos antiseñoriales muy violentos (por ejemplo, la revuelta de los payeses de la remensa “Guerras de la remensa”, los forans de Mallorca (revuelta foránea de Mallorca) en 1450 y los irmandiños gallegos 1467-1469), y la conflictividad social fue la norma de toda la Baja Edad Media (conflictos urbanos como la Biga[2] contra la Busca[3] en Barcelona, pogroms contra los judíos, etc.).

 

La crisis política fue otra de las constantes de la Baja Edad Media. La crisis política tuvo su origen en la resistencia de los grupos nobiliarios  frente a los intentos de imponer la Monarquía Autoritaria. Así, en Castilla se produjo una constante lucha de la alta nobleza contra  los reyes. Por un lado, éstos aprovechaban la minoría de edad del rey (de Alfonso XI o Juan II) para imponer sus intereses.

En el siglo XIV se impuso en los reinos peninsulares la dinastía Trasmatara. Su ascenso fue como resultado de los intensos conflictos nobiliarios y sucesorios en los distintos reinos peninsulares. En 1350 ascendía al trono Pedro I, que buscó el respaldo de las ciudades para reducir el poder de la nobleza castellana. Con el apoyo nobiliario, unos años después, se proclamó rey su hermanastro Enrique II de Trastámara, llamado el de las mercedes, por las concesiones que hizo a la nobleza. Esta situación desencadenó una  guerra civil en Castilla  entre Pedro I “el Cruel”[4]  y Enrique de Trastámara 1366-1369[5]. En la batalla de Montiel las tropas de Enrique derrotaron a las de Pedro, con lo que quedó implantada en Castilla la dinastía de los Trastámara.

Otro conflicto, ya en el siglo XV fue  el enfrentamiento entre Enrique IV y su hermanastro Alfonso (1465). Enrique IV llegó a ser depuesto por un sector de la nobleza, aunque nunca dejó de gobernar. Enrique IV aceptó, en el Pacto de los Toros de Guisando (1468), que le sucediera su hermanastra Isabel. Pero al casarse esta con Fernando, heredero de la Corona de Aragón, Enrique IV cambió de opinión, designando como heredera al trono a su hija Juana, conocida como la Beltraneja.

La entronización de los Trastámara en Aragón estuvo propiciada por el Compromiso de Caspe (1412)[6] que dio el trono a Fernando I de Trastámara. También hubo un enfrentamiento civil en estos territorios (conflicto entre Juan II de Aragón y la Generalitat de Cataluña (1462-1472)). Esta guerra estuvo también determinada por la crisis económica que existía en este territorio y se mezcló con el conflicto de las Remensas y las luchas entre la Biga y la Busca en la ciudad de Barcelona.

En Navarra también irrumpió la dinastía Trastámara. El matrimonio de Blanca I de Navarra con Juan II de Aragón la propició. Al morir la reina Juan II benefició a su hija Leonor frente a su hijo Carlos y este hecho desencadenó una guerra civil que duró hasta comienzos del siglo XVI en que se produjo  la anexión de Navarra a Castilla por obra de Fernando el Católico.

 

Todos estos conflictos se reproducirán al principio del reinado de los Reyes Católicos (1474-1479)[7], pero éstos vencerán a la nobleza triunfando por fin los principios de la Monarquía Autoritaria.

 

4.3.  La expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo

 

Mientras Castilla se hundía en una profunda crisis económica durante la primera mitad del siglo XIV, Cataluña se defendía mejor de la crisis gracias al desarrollo del comercio por el Mediterráneo durante el siglo XIV.

 

Esta expansión comercial de la Corona de Aragón se vio acompañada por un rosario de conquistas en el Mediterráneo. La expansión militar acompañaba al comercio catalán.

 

Los principales capítulos de la expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo fueron: Vísperas Sicilianas (levantamiento y matanza de los franceses, 1282) y conquista de Sicilia por Pedro III el Grande, Cerdeña por Jaime II (1324), expansión de los Almogávares en los Ducados griegos de Atenas y Neopatria, conquista de Nápoles por Alfonso V el Magnánimo (1443).

 

Esta expansión política marcó la supremacía marítima de Cataluña en el siglo XIV y enfrentó a la Corona de Aragón con Francia y el Papado.

 

La expansión política ayudó a la expansión comercial, Barcelona exportaba hierro e importaba cereales y tejidos de Sicilia y Cerdeña, pieles y cuero del norte de África y seda y especias del Mediterráneo Oriental.

 

La irrupción de los turcos en Bizancio en 1453 cortó las rutas de comercio con Asia y perjudicó el comercio catalán que entró en crisis en el siglo XV. Valencia adquirió en este período un papel más importante que Barcelona.

 

4.4.  Las rutas atlánticas: castellanos y portugueses. Las Islas Canarias.

 

Al tiempo que decaían las rutas del Mediterráneo en el siglo XV, se reforzaban las rutas Atlánticas más relacionadas con el comercio castellano.

 

La marina castellana había empezado a adquirir protagonismo en la conquista de Sevilla, sin embargo, la expansión por el Atlántico se veía dificultada porque los benimerines y granadinos que controlaban la navegación por el estrecho de Gibraltar. La Batalla del Estrecho la terminó ganando Alfonso XI (Batalla del Salado, 1340).

 

Paralelamente, los intereses económicos de Castilla se vinculaban cada vez más al comercio de lana desde los puertos cantábricos hasta Flandes. Castilla se vio obligada a intervenir en la Guerra de los Cien Años (alternando alianzas con Inglaterra  y Francia), para defender las rutas del Cantábrico.

 

A principios del siglo XV, Portugal inició su expansión marítima en torno a la Escuela de Sagres[8], actividad promovida por el infante Enrique el Navegante. La pretensión portuguesa era llegar al Asia Oriental circunnavegando África. Así se expandieron por la costa africana y ocuparon las islas de Madeira,  Azores y Cabo Verde.

 

El caso de Canarias fue distinto. Los castellanos ya estaban interesados por ellas en el siglo XIV, aunque la ocupación efectiva se produjo en el siglo XV en dos fases:

 

  • En la primera fase (principios del siglo XV) se ocuparon Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y Hierro. Fue una expansión nobiliaria dirigida por Jean de Bethancourt en nombre de Enrique III de Castilla.

 

  • En la segunda fase (1475-1496), durante el reinado de los Reyes Católicos, y por iniciativa real se conquistó Gran Canaria, la Palma y Tenerife.

 

Por supuesto, los portugueses disputaron a los castellanos el dominio sobre las Canarias y finalmente el conflicto se solucionó por el Tratado de Alcaçovas (1479) que reservaba estas islas para Castilla a cambio de que los portugueses mantuvieran la exclusividad de la expansión por la costa africana.

 

La conquista de Canarias fue el precedente directo de los Viajes de Colón y la Conquista de América por Castilla. La conquista fue realizada mediante capitulaciones[9] entre la corona y los capitanes.

 

[1] Motivado por la lamentable situación del campesinado o payes, sometidos a obligaciones feudales y al pago de rentas a los señores. Adscritos a la tierra de la que solo podían librarse por el pago de una redención o remensa y sometidos a los “malos usos”. Se sublevaron en el siglo XV para rechazar los abusos señoriales.

[2] Oligarquía que controlaba el gobierno municipal, tenían una solida base económica y mentalidad que les acercaba a la nobleza, grandes comerciantes pero también rentistas. (Viga).

[3]Mercaderes y artesanos que aspiraban a controlar el poder municipal, grupos que demandan profundas reformas. (Astilla).

[4] Acérrimo defensor de la autoridad monárquica.

[5] Guerra fratricida, Pedro I fue un acérrimo defensor de la autoridad monárquica, busco colaboradores entre la baja nobleza y la comunidad judía. La nobleza y la alta oligarquía municipal (como demostraron en Toledo) reclamaron mayor participación en el gobierno, al frente de ellos se situó el hermanastro de Pedro I don Enrique de Trastámara (futuro Enrique II, 1369-1379), estableciendo la nueva dinastía.

[6] En 1410, a la muerte sin herederos de Martín I el Humano planteó el problema sucesorio. En el compromiso de Caspe participaron tres representantes de Aragón, tres por Cataluña y tres por Valencia, fue elegido rey de Aragón el castellano Fernando de Antequera, hermano de Enrique III de Castilla, miembro de la dinastía Trastámara.

[7] Guerra de Sucesión en Castilla.

[8] Centro de estudios náuticos, geográficos y astronómicos, por donde pasaron los mejores navegantes y cartógrafos de la época, lugar donde se organizaron las expediciones.

[9] acuerdo firmado entre la monarquía y unos particulares, en virtud de la cual la primera autorizaba a los futuros pobladores a descubrir, conquistar o colonizar una región determinada y otorgaba exenciones y cargos a cambio del cumplimiento de una serie de obligaciones como el quinto real, evangelización, rentas reales, etc.

 

Apuntes compartidos por Cristina Peral Gómez

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LA BAJA EDAD MEDIA. CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV

5. LA BAJA EDAD MEDIA. CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV.

5.1 LOS REINOS CRISTIANOS EN LA BAJA EDAD MEDIA: ORGANIZACIÓN POLÍTICA E INSTITUCIONES EN EL REINO DE CASTILLA Y EN LA CORONA DE ARAGÓN.
Los cambios en la Baja Edad Media, repercutieron en las instituciones políticas. En Castilla la monarquía se consolidó y desembocó en una monarquía autoritaria de origen divino, apoyada en el derecho romano; las Partidas de Alfonso X y el Ordenamiento de Alcalá asentaron este principio. Junto a las Cortes nacen otras instituciones: la Cancillería, el Consejo Real (auxiliaba al monarca), Audiencia o Chancillería* Real (impartía justicia) y Hacienda (alcabala). Los monarcas controlaban los concejos con corregidores* y regimientos.
En la Corona de Aragón, su expansión por el Mediterráneo, le llevó a una política pactista* con los grandes señores. Cada núcleo mantenía sus instituciones: el Justicia Mayor de Aragón; las Cortes, que además de las generales, había en Aragón, Valencia y Cataluña, y como delegación de ellas la Generalitat en Cataluña y Valencia, y la Diputación del Reino en Aragón. Como instituciones centrales: Consejo Real y Cancillería.
Tras Fernando I (Compromiso de Caspe) se intentó establecer una monarquía autoritaria provocando enfrentamientos: Busca* contra Biga* y remensas frente a señores feudales*.
*Corregidor: representante del gobierno real y principalmente magistrados en las ciudades más importantes. Disponía de poderes políticos y judiciales muy amplios además de presidir el concejo municipal.
*Chancillería: máximo órgano de justicia constituido a finales de la Edad Media. Supuso la profesionalización de la justicia y contribuyó a la centralización del poder en los monarcas.
*Pactismo: sistema de gobierno en el que los reyes dependían en gran medida de las Cortes para gobernar. Se basaba en un pacto entre los estamentos y la corona.
*Feudalismo: sistema de organización social y económica basado en la existencia de una economía cerrada, autosuficiente y de base agraria. La posesión de la tierra define la división social. Las relaciones sociales se manifiestan bajo la vinculación señor-vasallo.
*Busca: grupo de mercaderes modestos y maestros de los oficios y gremios artesanos más importantes. En 1453 desplazó a la Biga en el contexto de una crisis económica y con el apoyo de la corona.
*Biga: grupo formado por los grandes rentistas y mercaderes que controlaban el gobierno de la ciudad.

5.2 LOS REINOS CRISTIANOS EN LA BAJA EDAD MEDIA: CRISIS DEMOGRÁFICA, ECONÓMICA Y POLÍTICA.

En la Baja Edad Media, siglos XIV Y XV, se vivió una profunda crisis, ésta no afectó a todos los reinos peninsulares por igual. Se produjo un gran descenso demográfico más en Navarra y Cataluña, debido a hambrunas, epidemias (peste negra*), guerras civiles y violencia feudal.
Económicamente se tradujo en abandono de tierras, escasez, carestía, y en consecuencia en una disminución global de la producción agraria y la renta señorial.
En el ámbito social y políticola crisis desembocó en:
– Conflictos interétnicos y culturales, persiguiendo a las minorías religiosas (principalmente judíos)
– Conflictos sociales, aumentando la opresión señorial y movimientos campesinos (payeses de remensa*, irmandiños y forans), movimientos urbanos (Busca contra Biga).
– Crisis en las instituciones. La oposición entre los intereses de la burguesía urbana y los de la nobleza territorial, llevó a guerras civiles como la de Castilla con los Trastámara.

*Peste negra: epidemia conocida desde la Antigüedad; una de sus variantes, la bubónica, se extendió por Europa entre 1346 y 1353. Sus efectos fueron devastadores y se calcula que murió casi un tercio de la población afectada.
*Payeses de remensa: en Cataluña, campesinos sujetos a la tierra, y a servidumbre. La remensa era el pago que los campesinos tenían que efectuar a su señor para poder abandonar su tierra.

5.3 LOS REINOS CRISTIANOS EN LA BAJA EDAD MEDIA: LA EXPANSIÓN DE LA CORONA DE ARAGÓN EN EL MEDITERRÁNEO.
Tras la conquista de Valencia y Mallorca por Jaime I, finaliza la reconquista catalano-aragonesa. Los tratados con Castilla y Francia, empujan a la Corona de Aragón hacia el Mediterráneo.
La expansión se inició con la conquista de Baleares por Jaime I, Pedro III el Grande conquista Sicilia (1282). Jaime II conquista Cerdeña (1ª mitad XIV) y controla los ducados de Atenas (1311) y Neopatria (1318) con la ayuda de los almogávares* (mercenarios catalanes y aragoneses). Se crea un área de influencia en el Norte de África (Tremecén y Bugía). Pedro IV recuperó Mallorca, y Alfonso V toma Nápoles (1442) que se independizará a la muerte del monarca.
La expansión se basó en un prospero comercio con éstas zonas, con Barcelona como principal impulsora. Se utilizaron letras de cambio*, compañías mercantiles y se crearon lonjas de contratación*. Se importaban sedas, especias y tejidos de lujo; y se exportaban paños, azafrán, artesanía, etc.
La decadencia del comercio mediterráneo, vino con la caída del Imperio bizantino (1453) y el avance turco.
*Almogávares: mercenarios utilizados por la Corona de Aragón en su expansión por el Mediterráneo.
*Letra de cambio: orden de pago de un importe que se cobra en una fecha determinada y en un lugar concreto, que puede ser muy lejano.
*Lonjas de contratación: local donde se realizan negocios mercantiles y financieros

5.4 LOS REINOS CRISTIANOS EN LA BAJA EDAD MEDIA: LAS RUTAS ATLÁNTICAS (CASTELLANOS Y PORTUGUESES). LAS ISLAS CANARIAS.

A partir de siglo XIV, Castilla y Portugal se disputaron el control de las costas atlánticas. En los inicios del XV Portugal conquistó Ceuta, y descubrió y colonizó Porto Santo, Madeira y Azores; centrándose en abrir un paso hacia el O. Indico, llegando a Cabo Verde y al Golfo de Guinea.
Por su parte la fortaleza marítima castellana, le había llevado a participar en la Guerra de los Cien Años junto a Francia. La alianza con Francia y el interés Atlántico propiciaron la conquista de las Islas Canarias. Hasta comienzos del siglo XIV las islas carecieron de interés, hasta que se inició la expansión portuguesa y castellana en el Atlántico. Durante el siglo XIV portugueses y castellanos habían reclamado sus derechos sobre las islas; en 1402 con Enrique III de Castilla, Jean de Béthencourt inicia la conquista (Lanzarote, Fuerteventura, la Gomera y el Hierro), siendo nombrado rey vasallo de Canarias. El resto se conquistaría a finales del siglo XV.
La colonización fue casi privada hasta los Reyes Católicos; los derechos señoriales de las islas se vendieron varias veces en el siglo XV. Castilla y Portugal rivalizaron por su control hasta 1479.