EL SÍ DE LAS NIÑAS

A) El sí de las niñas [S.XVIII]

El sí de las niñas es una comedia de Leandro Fernández de Moratín, autor que se encuadra en el Neoclasicismo. La obra fue escrita en 1801 pero se representó en el teatro de la Cruz el 24 de enero de 1806.
Quizá en el mundo occidental resulta una trivialidad el tema que plantea, pero en su contexto histórico, tenemos que tener en cuenta que existía una conciencia social que concebía el matrimonio como un pacto de intereses. Moratín se opuso porque iba contra los principios morales por lo que planteó un problema que estaba en la sociedad, más allá del trono y del altar; algunos conservadores la juzgaron como escandasolo, pero fue la más representada de su tiempo.

CONTEXTO HISTÓRICO
La época de Leandro F. de Moratín está caracterizada por las reformas del despotismo ilustrado de Carlos III para intentar modernizar el país, reformas en las artes y en la agricultura, que es, en esta última, donde trabaja la gran mayoría de la población.
Dichas reformas que no se llevaron a cabo por la oposición de la nobleza y el clero. Es también la época de enfrentamiento entre los tradicionalistas (que son la gran mayoría de la población) y los ilustrados “afrancesados” (algunos nobles e intelectuales); a estos últimos pertenece Leandro Fernández de Moratín. Moratín no es un revolucionario, sino un reformista que pensaba que una situación injusta debía dar paso a otra justa a través de cambios mesurados.
El contexto literario de la obra de estudio es la literatura neoclásica. en la que destacaron los ensayistas y prosistas Feijoo, Cadalso y Jovellanos, los poetas Meléndez Valdés y los fabulistas Iriarte y Samaniego y en teatro, aparte de Leandro Fernández de Moratín, hay que recordar el valor de la tragedia clásica de Vicente García de la Huerta.
ESTILÍSTICAMENTE
En los diálogos Moratín no emplea excesivos recursos literarios. Es una obra fácil de entender, aunque no muy coloquial en cuanto al vocabulario. También hay que destacar que la obra cumple con los principios de la ilustración: realismo y la regla de las tres unidades.
Esta obra narra un triangulo amoroso, que permite al autor reflexionar sobre la presión que en la época sufrían las mujeres, obligadas a casarse por interés y en contre de sus sentimientos. Por lo que la obra tiene una función didáctica y critica.

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LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII.

El siglo XVIII es en toda Europa el siglo de la Ilustración. Este movimiento nacido en Francia tenía como fin primordial divulgar el saber, fomentando el espíritu crítico y el culto a la razón. Los autores ilustrados pretenden desterrar los prejuicios nacidos de la superstición y de la ignorancia, potenciando el racionalismo como única forma de caminar hacia el progreso en todos los órdenes de la vida. La luz será la metáfora de esta razón, que ilumina el saber y
alumbra la senda del progreso. Por ello se le denomina Siglo de las Luces o Ilustración.
Las características principales de la literatura dieciochesca son las siguientes:

 Utilitarismo: Predominio de la razón sobre el sentimiento o la imaginación. Se abandona la idea del arte por el arte: la literatura debe buscar la verdad, no la belleza.

 Finalidad didáctica: se vuelve al principio clásico de “enseñar deleitando”. La literatura debe educar y ayudar a dar formación al pueblo.

 Se estudia a los clásicos para determinar las reglas de los géneros literarios.

 El artista debe buscar la claridad, la sencillez y el buen gusto.

A lo largo de todo el siglo coexisten varias tendencias: Posbarroco, rococó, literatura ilustrada, neoclásica y
prerromántica.

PROSA

En la primera mitad de siglo algunos autores utilizaron moldes narrativos siguiendo el estilo denominado Posbarroco. Este estilo todavía imita la dificultad y las formas del siglo anterior, aunque con una visión del mundo más optimista Es el caso de Torres Villarroel (Vida) o el padre Isla con novelas como Fray Gerundio de Campazas, en las que predomina el tono satírico y que están, en cierto modo, insertas en la tradición de la novela picaresca.
Pero la principal manifestación de la prosa en el siglo XVIII es el ensayo, pues es el género que mejor se ajustaba a los intereses didácticos y utilitarios de los ilustrados. La prosa ensayística trae consigo un nuevo estilo caracterizado por ser llano, directo, natural y preciso. No busca despertar la emoción del lector, sino que busca la reflexión. Los ilustrados lograron, además, impulsar el español como lengua de la ciencia y de la filosofía frente al latín.
Los principales ensayistas son:

 Benito Jerónimo Feijoo. A pesar de llevar una vida retirada por su condición de benedictino, mantenía contacto con eruditos de toda Europa a través del correo y organizando tertulias en su convento de Oviedo. Fue un gran divulgador de las ideas de su época. Su objetivo era acabar con los errores, prejuicios y supersticiones del pueblo. Su afán divulgador le lleva a utilizar un tono coloquial en todos sus “discursos” que posteriormente agrupaba para su publicación. Sus obras más importantes son los ocho volúmenes del Teatro crítico universal y los cinco de Cartas eruditas y curiosas.

 Gaspar Melchor de Jovellanos. Destacó como autor de numerosos textos en prosa donde abordaba los problemas del país y proponía reformas. Destacan la Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas, Informe sobre la ley agraria o Memoria sobre educación pública.

Otras figuras destacadas de la prosa del XVIII son:

 José Cadalso. Cultivó todos los géneros literarios, aunque sus principales obras están escritas en prosa: Cartas marruecas y Noches lúgubres. La primera es su obra más importante. Son noventa y una cartas que se entrecruzan tres personajes: el español Nuño y los marroquíes Gazel y Ben-Beley, su anciano maestro. En ellas Cadalso vierte su pensamiento sobre la sociedad y la cultura españolas. Los temas tratados pueden agruparse en tres grandes bloques: la historia nacional, la sociedad española del XVIII y la proyección moral del ser humano. Esta obra responde a los rasgos del género ensayístico. Con un estilo claro, el autor muestra
una actitud crítica ante los diversos temas que trata.
Su última obra, Noches lúgubres, es una obra que se puede considerar prerromántica por su especial tendencia a lo melancólico, la presencia de paisajes nocturnos o el tema fúnebre. Su protagonista, Tediato, dialoga con Lorenzo, sepulturero del cementerio donde está enterrada su amada. Durante tres noches intenta desenterrar el cuerpo de ésta para llevárselo a su casa para, una vez allí, suicidarse, quemándose junto al cadáver.

TEATRO

Durante todo el siglo hubo una gran afición al teatro. Estas fueron las manifestaciones principales:

 Teatro posbarroco: Se da durante la primera mitad del siglo. Se continúan las fórmulas del teatro de Calderón, con autores que repetían los temas y argumentos pero complicando la intriga y el montaje. Antonio Zamora o José de Cañizares.

 Teatro neoclásico: En la segunda mitad hay una oposición a este teatro tanto por razones estéticas como sociales. El nuevo teatro se va a caracterizar por el respeto escrupuloso a la regla de las tres unidades (espacio, tiempo y acción), por su verosimilitud y por su intención didáctica. Los ilustrados conciben el teatro como medio fundamental para la educación y la propaganda política. Los géneros cultivados fueron la tragedia y la comedia.
La tragedia imitaba modelos franceses e italianos. El tema fundamental era la lucha por la libertad sobre un fondo histórico en el que los personajes caracterizados por su nobleza y patriotismo salen siempre triunfantes.
Fue un teatro para minorías que apenas tuvo éxito entre el gran público. La pieza más famosa fue Raquel de Vicente García de la Huerta.
La comedia mostraba una realidad idealizada con personajes comunes (burgueses y sus criados). Dado su carácter didáctico trata de mostrar la vía de la razón y el buen sentido. El principal autor fue Leandro Fernández de Moratín.
Moratín es el creador de la comedia moderna española. Sus obras recogen la vida social de su tiempo y las preocupaciones de los ciudadanos. Invitaba a la burguesía a ser ella misma (El barón), recomendaba una educación basada en la sinceridad que acabara con las bodas de conveniencia (El viejo y la niña, El sí de las niñas) y criticaba los excesos del teatro popular (La comedia nueva o el café).

 Comedia sentimental. Fue una de las novedades del siglo. Son obras que entremezclan contenidos de tema desgraciado con un desenlace feliz, según los gustos prerrománticos. De hecho se consideran el antecedente del teatro romántico. Gaspar Melchor de Jovellanos es su principal cultivador con obras como El delincuente honrado.
 Teatro popular: Dentro de las piezas menores destaca el sainete, pieza breve y humorística de carácter costumbrista y popular que tiene como objetivo simplemente divertir al público por medio de la caricatura y unos diálogos ingeniosos. La figura clave fue Ramón de la Cruz.